Pilares de la Tierra y de la Vida

“… Allá donde miraban no veían más que cosechas perdidas, ovejas muertas, árboles derribados, prados abnegados y ruinas. La destrucción era aterradora, y Aliena se sintió embargada por una terrible sensación de tragedia.”

Los Pilares de la Tierra

-Ken Follett-

 

Leer estas palabras, plasmadas por un gran escritor que admiro, me provocó varias sensaciones diferentes, y rescato la posibilidad de darles algún significado fuera de su contexto en la trama.

Por un lado transmiten la descripción real de un escenario viviente, como suceso de una historia que el autor decidió contar, y que el narrador describe con voces precisas. Es una escena vívida, está sucediendo y lo que el personaje ve y siente no es imaginario.

Pero a mí me hizo pensar en el mundo de hoy, en el que vivimos a diario y al cual poca atención le prestamos. “…Cosechas perdidas, animales muertos, bosques derribados, ruinas…”. ¿Hacia dónde vamos? Esa terrible sensación de tragedia que se huele a menudo cuando nos detenemos en estas noticias, donde la Tierra pide auxilio a gritos. Y es el único lugar que tenemos como Hogar, para vivir y sobrevivir. ¿Por qué enfurece? ¿Por qué nos grita, y qué podemos hacer, cada uno desde su lugar y en su entorno para cuidar un poco más lo que nos fue dado?

Es lo único que no compramos, que no nos demanda dinero, que no nos ha costado. Es el único regalo perenne. Los mares y océanos seguirán donde están para deleitarnos; el agua de los ríos, lagos y arroyos seguirán su curso constante de dicha; las montañas majestuosas seguirán a nuestro servicio en todas las estaciones del año; los bosques permanecerán envueltos en un hábitat cargado de colores y sombras, y los animales nos ofrecerán hasta sus vidas para beneficio de nuestro estómago, sin conocer la maldad o la elección de la razón. Simplemente son.

La tragedia, esa que siente Aliena con angustia, es territorio de los seres humanos. Nosotros sí podemos sentirla, y somos los únicos responsables de revertir cualquier posible tragedia.

Y sé que no estoy sola en este cuestionar un ¿Hasta cuándo?

¿Qué más nos hace falta? Ya nos dieron todo. Nos lo estamos quitando de a poco, en cuotas imperceptibles, invisibles, silenciosas… Las cosas más hermosas de la vida son gratis. Y la más significativa es nuestra Tierra. ¿Será que nos falta amor propio? Cuando a mí me regalan algo que me encanta, que me emociona, que me provoca placer y gusto, lo cuido. Lo atesoro. Lo agradezco con todo mi corazón. Aprecio el gesto y lo valoro. ¿Será que nos falta darnos cuenta que todo esto es un gran regalo, que todo nos fue dado?

Por otro lado, pensaba en nuestras vidas y luchas individuales. Vemos claramente la cosecha perdida, la oveja muerta, el árbol derribado, las ruinas. Y nos sentimos como Aliena, embargados por una terrible sensación de tragedia.

Se me ocurre que para que haya una cosecha, primero existe la siembra. ¿Qué sembramos día a día en nuestro entorno? ¿Qué huellas vamos dejando con las palabras, las actitudes y los recuerdos? ¿A quiénes vemos como nuestros “muertos, derribados”? ¿Un amor? ¿Una amistad? ¿Un trabajo? ¿Un proyecto? ¿Una relación familiar?

¿Qué entendemos cada uno como ruina? Puede que algo quede por enmendar, por decir, por salvar, antes que los escombros nos tapen.

Una vez hace tiempo, viajando por México, un guía de turismo nos contaba datos concretos de unas ruinas maravillosas, y de cómo había sido la existencia para la civilización maya de aquel entonces. Me veía allí, tan insignificante, intentando imaginar cómo sería la misma imagen tantos años atrás. Pero ahí estaba yo, en el siglo XX (sí, fue en el siglo pasado, lo cual me recuerda que nací hace ya tiempo suficiente), rescatando belleza y emoción con todos mis sentidos. Aquellas ruinas aún tenían vida. Fueron y son al día de la fecha parte del presente. Porque siempre algo queda. Algo permanece en el hoy de lo que fue.

Tal vez podamos cambiar la mirada de Aliena y ver que aún hay algo de esperanza en el medio de tanto caos constante, donde la Tierra pide auxilio, o donde nuestras vidas se tiñen de miedos y de esa “sensación aterradora de tragedia”.

En fin… Leía a Ken Follett y en su párrafo no había metáfora. Pero yo tengo esa cansina costumbre de encontrarlas.

Te deseo que allí donde mires, veas la solución y la esperanza.

Gracias por leerme.

-Poli Impelli-

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