Abrazo Infinito

De la ficción al manicomio

5 comentarios

Hace tiempo que no aparezco por aquí. Y no es que haya olvidado escribir. Soy obstinada y eso no ha sucedido. Ni un solo día. Si no fuera por la presencia de estos personajes, seguramente estaría contando alguna que otra aventura o recordando con gratitud lo que he vivido para decidir qué más compartir.

Sin embargo, existe gente “robatiempo”, ese tiempo sagrado que uno tiene para ponerse en contacto con quienes nos leen. Diría que este mensaje apunta más a esas personas raritas, esos que dicen llamarse escritores.

Esta gente que me roba el tiempo es gente de ficción, que se empecina en quitarme horas de sueño (y de vigilia también), en meterme en líos sin que yo se los pida, en mantenerme en vela o distraída, sin poder escuchar con atención a aquellos otros de carne y hueso que me están contando un problema, llamando por medios reales, o simplemente regalando su valioso tiempo en vivo y en directo.

Es un tema escabroso. No tengo idea si la psiquiatría ha llegado a obtener resultados claves para la salud mental de quienes padecemos esta enfermedad. ¿Cómo puede uno contarle a una persona de carne y hueso que mientras él o ella me hablan, a mí me parece estar escuchando lo que dirá ese personaje ficticio, que sólo yo conozco, en la próxima escena? ¿Cómo puede uno poner orden a esa voz interna que no deja de hablar sin pedir permiso?

Tengo mucho para compartir. Sin embargo, ellos me consumen minutos, tiempo y energía. Aunque esté concentrada en lo que hoy me toca, aunque esté con gente, aunque no quiera, me parece escuchar lo que dicen, lo que piensan, lo que sienten, lo que callan, lo que disfrutan y lo que duelen. Entonces, son muchas las veces que no puedo frenar mi escena exterior y real para tomar un papel y escribir lo que me dicen; tengo que memorizar. Y esto no es como estudiar en la universidad, donde uno se encierra y nadie molesta. Luego uno rinde el examen y vuelve a casa feliz o desilusionado: “Aprobado / Desaprobado”. No, no funciona de la misma forma.

Amigo  X: -Entonces no sé qué hacer, porque intento olvidarla y no puedo. Pero bueno… a veces estoy mejor, a veces siento que me muero.

Yo: Es cuestión de tiempo… ―digo, porque más respuestas no tengo.

Y me quedo sin palabras. Porque todas ellas están en mi mente, y me parece escuchar a uno de mis personajes que me dicta lo que él diría, lo que está por hacer y cómo reaccionaría si fuera mi Amigo X.  Si llego a hablar en voz alta, mi querido Amigo X tomará cartas en el asunto y notificará a mi familia. Es grave, hay que internarla.  Y el problema no es que yo me niegue a estar encerrada con otros poco cuerdos, para nada. Es un placer compartir con gente diferente la vida. El problema sería que por más que me quiten los papeles donde escribo, ellos seguirían en mi mente, en mi corazón. Porque por momentos los amo, me río y lloro con ellos. Otras veces, los detesto. No me dejan interactuar en paz con mis seres queridos. No puedo hablar tranquila ni con mi mamá, porque cualquier cosa que ella me cuente, detrás está la voz de un personaje de mi novela dándole una respuesta o riéndose con ella. No soy yo. ¡Lo juro!

Ayer me llamó una gran amiga. La quiero tanto… Y tenía algo importante para contarme. La sentí cercana en su necesidad de sentirse acompañada y comprendida.

―¿Me estás escuchando o qué? ―me dijo ella, confundida.

A veces, me quedo muda. Y antes solía tener palabras.

Sigo leyendo a quienes más saben y el aprendizaje no termina. Y cuando uno escribe, habla menos. Antes tenía palabras para todo y todos. Ahora no las tengo. Comienzo a enmudecer, porque muchas veces, bien temprano en la mañana yo ya dije todo lo que tenía para decir. Lo escribí. Y me es suficiente. Pero a los demás no, y como decía, no tengo miedo a que se den cuenta y me internen. Le tengo respeto a lo que hay dentro, a lo que no se puede contar, porque no lo entenderían.

Yo espero de corazón, que algún escritor esté leyendo y sienta un poco de empatía. Sobre todo, aquellos que están inmersos en el género novela. En serio, me canso de que aparezcan cuando nadie los llama, cuando no son tan necesarios, cuando no tengo ganas de hablar de ellos ni de escribir lo que quieren que escriba de sus vidas y la mar en coche. ¡Joder!

(Perdón…)

Estoy por matar a un personaje. Puede que nadie quiera leer lo que escriba, y sinceramente, ya me da igual (si mi vieja sigue viva cuando llegue al final, ya tengo un lector seguro). El tema es que estoy por matarlo hace meses. Y no tengo palabras para detallar todo lo que hace para que yo no lo mate. ¿Hay necesidad? No me dejan ser, no me dejan en paz. Cuando vivía en Barcelona me reía de ellos. Debo estar pagando las consecuencias. Karma, le dicen. Búrlate de los demás y serás burlado (mandamiento recién salido del horno).

Otras veces, me voy por las ramas y elijo dejar a ciertos personajes a un lado, en un receso de descanso o vacaciones. ¿Será posible que los extrañe, y que necesite otra vez volver a alguno que ya se había bañado en bronceador frente a un mar cristalino, dispuesto a pasar unos días de relax sin mi presencia? Error. Si no me molestan ellos, vengo a molestarlos yo. Es una relación tóxica que espero tenga su fin. Y cuando tenga su fin, creo que voy a llorar como María Magdalena en esos días. No me va a quedar más remedio que aceptar el final. Y extrañarlos. Porque puede que alguien lea lo que a mí me consume tiempo, o puede que ni siquiera mi vieja se tome el trabajo. Pero puedo jurar por mi propia vida que ellos ya son parte de mí. Como cada persona que se cruzó en mi existencia en estos tantos años. Como cada experiencia que cuento en forma de poesía, relato o cuento. Como cada diálogo que recuerdo de algún viaje, como cada mensaje en el teléfono móvil, cada llamado o cada encuentro. Tienen la misma importancia, la misma trascendencia, la misma esencia y pertenencia. No son de carne y hueso, no. Ni lo vayas a creer, nunca. Son inventados, y sólo existen para mí y por mí. Pero los quiero de igual manera, y en este momento de mi vida, cuando escasean algunas cosas que necesito, son quienes me sostienen. Muchos (de carne y hueso) todavía me preguntan: ¿Qué es de tu vida? ¿Alguna novedad? Si yo respondiera iría derechito a un manicomio. Novedades tengo miles. Y como vivo en la incertidumbre la variable es una constante; si fuera precisa no me alcanzaría el tiempo para contarles. Como dice una gran amiga mía, el guionista de tu vida está fumado. No se equivoca, nunca se equivocó. Pero ¿cómo explicarlo con palabras? Mejor me llamo al silencio. Lo que tenía para contar ya lo he contado, ya está escrito.

 

Nota: si me encierran,  no me dejen sin papel y lápiz o bolígrafo, algo que me permita escribir. Es lo único que necesito. Y agua, mucha agua. El resto… el resto es sólo imaginación. Invento.

-Poli Impelli-

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

5 pensamientos en “De la ficción al manicomio

  1. Ahora me ha tocado a mí sonreír mientras te leía. Qué grandes verdades has desgranado aquí. Los llamamos personajes de ficción, pero creo que ese no es el título que se merecen. Sí, somos nosotros los que les damos ese primer aliento de vida, pero son ellos los que viven sus propias vidas después. Me ha gustado mucho la referencia que haces a ese personaje que no se deja matar. Es un momento muy bonito cuando ves que tus personajes empiezan a actuar por su cuenta sin tener en consideración los planes que puedas tener para ellos. No creo que los escritores hablemos menos, simplemente hablamos con otras “personas”, nuestros personajes, y muchas veces encuentro más agradable su compañía que la de la gente “real”.

    ¡Saludos, Poli!

    Le gusta a 1 persona

    • No tengo mucho que agregar porque tu final “me suena conocido” 😉
      Gracias por leer, veo que no soy la única “loca” que espera la entrada a un manicomio, jaja.
      Disfruto mucho de esas vuelta que me dan los personajes cuando yo en realidad quiero contar otra cosa, incluso en un simple relato. Hace unos años creí que era imposible lograr eso, y cuando leía a quienes más saben me parecía hasta absurdo. Hoy sonrío, y dejo que me callen y se escapen de mis caprichos 😉
      Infinitas gracias.
      Abrazos!

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  2. Pingback: ¡Feliz 2016! | Abrazo Infinito

  3. Poli, por tus palabras tus personajes tienen una vida intensa, son profundos, cambiantes, inquietos… No los abandones déjalos vivir y comparte con nosotros tus experiencias.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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