Huida

iMal usado, mal hablado, escupido. Raído en sus formas y sombras; culpables. Como la palabra Dios. Seduce tanto como el efecto hipnotizador del verbo amar. En nombre de ellos, sustantivo y verbo, la guerra. Ese estorbo de ruidos y bombas, de hambre y de llanto; de mezquindad entre tu indiferencia y la mía, tu toxicidad y mi escape. Nuestro escape, nuestra huida.

Injusticias y venganzas. Amenazas y temor. Te veo y no me miras. Te miro y no me ves.

Da igual.

En nombre de ellos encubrimos felicidad, dicha y culpa. Culpa porque te amo, culpa porque no lo siento. Culpa porque creo y le temo, culpa porque existe un infierno. Te recluyes en las sombras y te crees la mentira. La dibujas, la reformas, le das vida. Te la crees. Yo te creo. No veo, no siento. No ves, no sientes. ¿Es que acaso creíamos amar?

Inconstante incredulidad las vendas que sofocan la aquiescencia que nos permitimos: yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos. Ellos allí; tú y yo aquí. Da igual. Decimos amar. Decimos saber, conocer, entender, comprender. Escondemos. No sabemos, no conocemos, no entendemos, no comprendemos. Saboteamos. Da igual. Me mientes porque te mientes. Les mentimos porque nos mentimos. Te miento porque me miento. Da igual. ¿Lo sientes? ¿Saboreas las lágrimas? ¿Qué escucho? Te oyes pero no te escuchas. Aquí y allí. El grito, el vómito, la trompada, el insulto. Extraña sensación de pérdida. Te pierdo y me pierdes. Aquí y allí. Da igual. Culpa. Tu hijo te reclama. Culpa. El padre libera el llanto. Culpa. El monje olvida su hábito. Culpa. Te miro y me miras. Culpa. Levantas la mano y esquivo el golpe. Culpa. Suenan las campanas. Culpa. Da igual. Te resignas, me resigno. Y si se escapan… ¿qué más da? Y si no me hablas… ¿qué más da? Y si me extrañas… ¿qué más da? Y si no los cobijamos… ¿qué más da? Culpa, porque da igual. Pero te enteras, ellos se encargan de hacértelo oír, pero no escuchas. Enciendes y apagas. Abres, lloras y cierras. ¿Los ves? ¿Te ven? Da igual. Te mienten, les crees. Me mienten, les creo. Te miento, me crees. No ves, no sabes. Oyes, pero no escuchas. El grito, la amorosa desesperación detrás de cada lágrima, el pedido de auxilio desde murallas envejecidas, la cansina mano que levanta ese pañuelo. Y da igual. Pero la mariposa que aletea en Asia mueve la tierra dormida en América. Y no lo ves, no lo veo, no lo vemos. El cielo inunda el suelo; las raíces se elevan y renacen. Ellos gritan, corren, escapan, sobreviven. La mariposa despierta en vuelo… ¿Lo sientes? ¿Te sientes?

Verbo y sustantivo. Yo aquí, tú allí. Culpa. Dios. Amor. Da igual. Apura, ellos huyen.

-Poli Impelli-

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