Abrazo Infinito

Kiel – La palabra perfecta

23 comentarios

Cuando acepté buscar las almas de personas que fallecieran debido a enfermedades que no se hubieran contagiado, jamás creí que pasaría tanto tiempo entre gente joven. En todos los planos tengo siempre mucho trabajo, todas las razas me exigen mucho, pero los humanos de Tierra sobrepasan el límite.

El hombre al que sigo ahora tiene treinta y nueve años. Está casado y tiene dos hijos, un varón y una nena. Su familia está feliz con él, a pesar de las pocas horas que pasa con ellos. Es una buena persona, cariñosa y de sonrisa fácil, pero lleva tiempo exigiéndose demasiado. Su corazón no aguantará mucho más.

Llevo siguiéndolo varios días pero nadie reparó en mi presencia aún. Su secretaria señaló que se mataría si no se tranquilizaba, pero él no hizo caso. Pronto tendrá vacaciones. Como todos, está convencido que aguantará hasta que tenga tiempo libre.

El Rey teme que nos volvamos locos, pero dudo que entendiera la total dimensión de la locura en la que viven inmersos los que aún viven. Trabajar para poder obtener lo que desean, obtener lo que desean para ser felices, morir antes de completar el ciclo porque su mundo funciona solo mientras a ellos les falte algo, mientras haya algo más por lo que seguir trabajando.  Si todos fueran felices, este sistema demencial se caería a pedazos.

Me pregunto si quienes crearon este monstruo son tan devotos a él como quienes lo alimentan.

Mi alma asignada se prepara para salir de su casa una última vez. Mana de su pecho una sombra oscura que ha estado creciendo los últimos días. Su hija lo besa, su hijo se cuelga de su brazo. La sombra pierde fuerza a medida que da un abrazo a cada uno y les dice que los ama. Su esposa es la última. Susurro a su oído para alertarla. La sensación de urgencia logra entrar en su consciencia, pero es demasiado buena para decir nada. No agregará exigencias a su marido pidiéndole que no se vaya. Lo considera egoísmo y él ya mucho hace por la familia. Su hija me percibe pero no me entiende. Mi presencia amable y cruel es demasiado contradictoria para su corta edad. Decide no hablar de mí.

Cruza la puerta y la sombra vuelve a apoderarse de su pecho. No está nada bien. Se sube a su auto y parto con él a su trabajo. El camino es lento, el tráfico es abundante, lo cual nunca ayuda. Comienza a irritarse. Sabe que llega tarde y las llamadas apurándolo no hacen ningún bien a su cuerpo y mente ya alterados.

Veo a su ángel guardián enviando señales: familias pasando un momento juntos, un perro relajándose al sol, una ambulancia que nos obliga a detenernos a un costado del camino; pero el hombre está lejos de entender que debe parar en más de un sentido. El pobre ser de luz repara mi presencia, sabe que sus intentos son en vano; pero es un ser de fe y no puede escapar a su naturaleza así como una hoja arrojada a un río no puede hacer más que ser llevada por la corriente.

La vida es bella y este ser humano lo sabe; recuerda lo que es ser joven y libre. Pero las desgracias nunca le ocurren a uno, y los infartos solo son para quienes maltratan su salud y pasan sus días con amargura. Está lejos de entender que, si solo la gente así muriera, su mundo sería muy distinto a lo que es.

Pero distinto no es, y lo que determina la vida y la muerte no es la bondad con la que uno camina por el mundo, sino la bondad con la que uno se trata a sí mismo. Esta inocente alma está convencida de que vivirá mucho solo por ser un buen padre, marido y amigo. Ha olvidado mirar en su interior y cuidar de sí mismo. Ha vivido demasiado preocupado por ser un buen ejemplo para sus niños sin detenerse a disfrutar de la vida con ellos tanto como desea hacerlo, tanto como se dice que hará cuando esas vacaciones por fin lo alcancen.

Realmente lo siento por esta vida, pero mantengo la esperanza de que todo sirva de enseñanza para la próxima. Mi corazón se conmueve por el suyo y me entristezco, pero estoy bien. Mientras sea capaz de reconocer mis propias penas, no me veré ahogado en ellas. Mientras conozca mis límites y los respete con gran amor, no enloqueceré como el Rey teme. Nada malo puede ocurrirme mientras recuerde que soy un ser sintiente, mientras no me permita dejar lo que queda de mi vida de lado. Puedo ser un cuervo, pero un cuervo no es todo lo que soy. No soy una gota de agua perdida en un océano titánico; yo tengo el océano y su voluntad dentro de mi pequeña existencia de gota. Moverme acorde a los grandes ciclos no significa que sea arrastrado por ellos. Yo bailo en armonía con la marea y soy marea.

Me gusta ese pensamiento, recordaré compartirlo con mi alma asignada una vez que se corte el hilo de plata que la une a su cuerpo y pueda llevarla conmigo al otro lado del velo. Recuerdo que tenía un libro donde escribía poesías. Debí haberlo perdido al morir, pero tal vez alguno de mis descendientes lo tenga aún.

No, el papel no puede haber durado tanto, yo morí hace mucho.

Comenzaré a escribir uno nuevo. Siempre hay alguien dispuesto a canalizarme, aún sin saberlo, y tomar nota de lo que digo como si fuesen ideas propias. Mejor aún, tal vez consiga inspirar a ese alguien para que mezcle sus ideas con las mías. Siempre quise compartir un diario de poemas. Sí, eso haré, y agradeceré a mi alma asignada por haberme inspirado en cuanto llegue el momento en que podamos hablar.

Detiene el auto de golpe y se lleva una mano al pecho. Su tiempo ya está por terminarse. Su expresión me indica que sabe lo que ocurre. Le señalo el teléfono y su consciencia lo percibe. Lo agarra pero no logra marcar. Lo deja caer y exhala una última vez.

Tomo su mano y cuento hasta tres para animarlo a soltarse. El hilo de plata se corta sin mi intervención. Su alma vuelve a ser libre. Ya no hay más horarios que lo aten ni juicios a los que responder.

Me mira y me ve. Le sonrío y le doy la bienvenida a la vida.


Priscilla Ferrari nació con los pies en Neuquén (Argentina) y los ojos en el otro mundo. Con un fuerte interés en la vida tras la muerte, muy temprano comenzó a recorrer un camino espiritual heterogéneo, abriéndose paso entre los espíritus y rompiendo la barrera de miedo y prejuicios que separan una realidad de la otra.

Lentamente, esas experiencias fueron traspasando su ser hasta llegar a la base de la expresión de su vida: la escritura. Combinado su amor por la fantasía con su consciencia real del más allá, comenzó a crear una narrativa tradicional pero propia; una que lleva no solamente a viajar por un mágico mundo externo, sino también por aquel que late dentro de cada uno. 

La palabra perfecta. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2015.

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(Priscilla FerrariLa Catedral de las Sílfides. Facebook: La Catedral de las Sílfides)

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

23 pensamientos en “Kiel – La palabra perfecta

  1. Pingback: Un té con Priscilla Ferrari |

  2. Buenísimo. Me ha encantado, Poli. Y encantado estoy de conocer tu blog. Con mucho gusto te seguiré leyendo y pendiente de tus entradas 😉

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  3. Pingback: Kiel – La palabra perfecta | La Catedral de las Sílfides

  4. Profundo, me atrapó desde el principio ¡buen post! gracias.
    Un abrazo de luz

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  5. hola Poli, buen domingo!! 🙂
    un abrazo

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  6. Pingback: Abrazo infinito | La Catedral de las Sílfides

  7. ¡Gracias por compartir mi escrito, Poli! Me alegra que te haya gustado tanto mi libro y amo leer tantos comentarios positivos sobre “La palabra perfecta” y Kiel. Sin duda estoy en el camino correcto.
    ¡Gracias, gracias, gracias!

    Le gusta a 2 personas

    • Tu libro es un completo mensaje de sabiduría. Admirable la sencillez y precisión en la escritura. Mikhail, Kiel, Cross, Disantea, Yehuda, Aléxandros, Camelot, Un-Nefer y Lua traen un mensaje cargado de vida y esperanza.
      ¡Gracias a vos por escribir!
      Abrazo Infinito 🙂

      Le gusta a 1 persona

  8. Cómo no verse reflejado en el personaje y en sus circunstancias. Eso hace al cuento más terrible por cuanto más real. E infinitamente bien escrito. ¡Buf!

    Le gusta a 2 personas

    • ¿Has visto? No se le ha escapado nada, ni la percepción infinita de los niños, ni la realidad que golpea y a la cual no le prestamos atención. Una mirada diferente y muy bien escrita. Coincido contigo.
      Gracias por pasar y comentar.
      Abrazo Infinito 🙂

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  9. Que buenísimo el relato!

    Le gusta a 3 personas

  10. Ay poli si eres como un angelito recoge almas inquietas, ¿vendrás por mí cuando tenga que partir?

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  11. Pingback: Kiel |

  12. Hermoso texto. Gracias por darme a conocer de esa autora.

    KnHs

    Le gusta a 2 personas

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