Abrazo Infinito

Un té con Priscilla Ferrari

7 comentarios

Priscilla Ferrari nació con los pies en Neuquén (Argentina) y los ojos en el otro mundo. Con un fuerte interés en la vida tras la muerte, muy temprano comenzó a recorrer un camino espiritual heterogéneo, abriéndose paso entre los espíritus y rompiendo la barrera de miedo y prejuicios que separan una realidad de la otra.

Lentamente, esas experiencias fueron traspasando su ser hasta llegar a la base de la expresión de su vida: la escritura. Combinado su amor por la fantasía con su consciencia real del más allá, comenzó a crear una narrativa tradicional pero propia; una que lleva no solamente a viajar por un mágico mundo externo, sino también por aquel que late dentro de cada uno. 

La palabra perfecta es uno de sus libros, publicados por Editorial Dunken, en Buenos Aires, 2015.

Para quienes leyeron Kiel – La palabra perfecta y dejaron sus comentarios positivos, para quienes aún no conocen a esta autora, dejo aquí una entrevista personal y con ella el inmenso placer que me genera el intercambio de palabras con quienes más saben, y en este caso, con quien tiene la valentía de escribir en un idioma que no es para todos… el de la vida y también el de la muerte.

Poli Impelli: ¿Cuándo comenzaste a escribir?

Priscilla Ferrari: Recuerdo que cuando estaba en séptimo grado en la primaria, me quedaba en los recreos adentro, escribiendo, y los maestros me decían: “salí a tomar aire”, pero yo respondía: “es el único rato que tengo para escribir”. Me quería quedar escribiendo.

¿Te acuerdas qué escribías?

Me acuerdo de una historia sobre un chico que era príncipe; eran tres reinos que estaban en guerra, uno de los reinos era de dragones y habían secuestrado al príncipe, entonces había sido criado entre dragones, aunque él seguía siendo una persona.

¿Recuerdas de dónde sacabas ese tipo de historias? ¿Era algo relacionado a lo que estudiabas en la escuela en ese momento o sólo tu imaginación?

Se me ocurrían historias porque iba combinando personajes que me gustaban de alguna serie que veía, y tengo historias anteriores a esa del príncipe con los dragones; esa historia sigue estando, pero ya los dragones no son los mismos y varias cosas han cambiado, pero la historia base sigue existiendo. Tenía otra historia antes de esta, de lo que llamamos fanfic: esto de tomar personajes de historias existentes y escribir algo nuevo con esos mismos personajes. Empecé así, y ahí tenía 9, 10 años.  Luego, varios después, releí esos escritos y me reía de las incoherencias y el pobre desarrollo de los personajes.

Bueno, ese es el proceso, nos pasa a la mayoría. Más aún cuando uno lee lo que ha escrito a otra edad, ¿no? El tema es que comenzaste de chica y tienes el recuerdo de esas historias…

Sí, las recuerdo y siguen existiendo. Yo empecé a leer y a escribir antes de entrar en primer grado, entonces garabateaba cosas y preguntaba a mis padres qué había escrito; quería aprender preguntando. Ellos me escribían letras y yo copiaba y copiaba todo lo que me daban. Tenía una necesidad tremenda de escribir, tal vez inconscientemente sabía que estaba muy destinada a esto.

¿La escritura está unida, de alguna manera, a tu profesión, a lo que has estudiado luego?

Sí, quizá de formas que uno nunca intuiría. A mí el counseling (consultoría psicológica) me ayudó mucho a entender la mente humana, sirviéndome así para saber cómo funcionan la maduración de los personajes, la superación de sus traumas, y esto es crucial para el desarrollo de los personajes y para mantener la coherencia. Aunque esto es algo que venía perfeccionando porque es mi punto fuerte desde hace mucho tiempo, mi carrera profesional me dio herramientas para escribir ciertos libros de temáticas más complejas. Con las buenas críticas que he recibido por mi libro La Palabra Perfecta, decidí que no quiero escribir fantasía “porque la historia es interesante”, sino algo que también tenga un mensaje de fondo, un tema extra. En Revolución Reign (otro de mis libros) está el tema de la familia y la guerra; en La Palabra Perfecta el tema de la muerte, del perdón, y ahora en la nueva historia que estoy trabajando también está presente el tema del amor, de la aceptación.

Sí, son los temas humanos que manifestamos todos, de distintas formas, a través de diferentes géneros…

Quiero enfocarme en eso, teniendo en cuenta que los personajes sean reales y transmitan algo que es real para todos.

Y los escritores debemos saber cómo son nuestros personajes, su funcionamiento psicológico, mental, emocional, etc. Es la mejor manera de describir a los personajes, cuando sabemos cómo funcionamos nosotros primero para poder crearlos a ellos.

Exactamente. A los personajes de mis obras siempre les hago muchas pruebas para desarrollarlos en detalle. La idea es darles vida y carácter, al punto de que puedan discutirse si intentas forzarlos a hacer algo que naturalmente no harían. Es lo que los hace reales y permite a los lectores sentir que, independientemente del mundo fantástico del que provengan, no son tan diferentes a ellos.

¿Cuál fue tu primera obra?

Publicada, La Palabra Perfecta. Revolución Reign la empecé a escribir antes, hace cuatro años, mientras que, aunque empecé a armar La Palabra Perfecta hace cinco, esta la escribí el año pasado (2015).

¿Cómo nació este libro pequeño, La Palabra Perfecta?

Desde chica me atrajo el tema de la muerte a nivel filosófico y espiritual. Solía meditar e “irme” al lugar que describo en la introducción de La Palabra Perfecta: todo negro, césped y cielo incluidos, con esas flores blancas. Disfrutaba mucho la paz que me provocaba y entendía la quietud y el silencio como la muerte. Nunca fue un tema que me asustara y todavía me sorprenden las expresiones de rechazo o terror que veo cuando se menciona la muerte, siendo que para mí siempre representó algo tan positivo.

¿Por qué el título de tu libro? ¿De dónde surge “La Palabra Perfecta”?

Estuve cinco años pensando en este libro sin lograr la estructura. Sabía qué quería contar, pero no lograba el cómo. Me sentaba a pensar y me encontraba con Aléxandros, uno de los que más habla, también con Yehuda, y tenían tantas cosas interesantes para decir sobre la guerra, sobre la muerte, sobre el proceso de dejar atrás una vida… Siempre quise escribir un libro sobre todo esto. Inicialmente, había pensado en un personaje para mí que les hiciera entrevistas para que ellos pudieran hablar sobre estos temas, pero no me convencía. Es algo tan delicado que no sabía cómo enfrentarlo, porque también me significó a mí morir muchas veces en el proceso de escribir este libro. Entonces, a principio del 2015, me senté a leer unos artículos en internet, y leí en algún lugar “La Palabra Perfecta” y me dije: ése es el nombre de mi libro. De repente, la historia se armó sola frente a mí y supe que los tenía que dejar hablar a ellos, sin nadie más comandándolos ni interrumpiéndolos. La introducción de El Rey de los Muertos y la Muerte fue simplemente para encender una chispa de debate interno en ellos, luego los dejé volar.

Yo como lectora, interpreté que La Palabra Perfecta es la palabra de cada cuervo que nos cuenta su experiencia con cada alma, sus palabras “perfectas” son los mensajes que hay detrás, eso que nos deja cada historia tuya. ¿Es eso lo que has querido transmitir con el título?

Sí. Si yo hacía las entrevistas iba a añadir palabras mías, en cambio estas son palabras exclusivas de ellos. Sí ocurrió algo que fue bastante definitorio para el libro: cuando estaba pensando el final de La Palabra Perfecta, en el que Disantea renuncia, medité en ese lugar negro y busqué hablar con el Rey. Le pregunté qué opinaba del título para este libro. Me dijo que le gustaba y, cuando le pregunté cuál era para él la palabra perfecta, me respondió: “renuncio”. Para él, significa que el cuervo ya hizo su proceso de sanación y está preparado para seguir adelante. Todos ellos están en ese trabajo tratando de aprender o expiar algo, por lo que el terminar con ese proceso que puede llevar milenios es algo que el Rey considera una victoria de la vida en la muerte misma. Es por eso que esta es la última palabra del libro, la que cierra el ciclo y da pie a que se vuelva a abrir, en este caso con una nueva encarnación de Disantea.

¿Esto está relacionado con lo que llamamos karma?

Exacto. El concepto de karma (porque sé que hay muchos malentendidos) es que todo lo que uno hace, dice y piensa se conserva en forma de energía como registro de lo que hemos aprendido y debemos aprender. No es un sistema de recompensa/castigo, sino de evolución espiritual.

Ahora comprendo mejor el final…

(Risas) Muchos me han dicho que el título del libro no da a entender la temática del libro, que no va a vender bien por eso, pero no me importa porque tiene un significado muy profundo. Además, este tipo de libros llega a quien lo tiene que leer, no es un libro para cualquiera ni a todos les va a llegar de igual forma. No quise hacer algo “marketinero”, ya hay muchos de esos. Este libro es para quienes lo tengan que leer y llegará a quien lo necesite.

Retomando lo que has dicho anteriormente, en cuanto a los personajes, ¿recomiendas a todos los escritores tener esa relación profunda con los personajes que creamos?

Totalmente. Para mí es una parte vital del proceso el que puedas tener una conversación con él, con una voz y opinión que no sean las tuyas, porque es lo que indica que el personaje está bien plantado en su historia. Puedes estar totalmente en desacuerdo con él, pero él va a estar seguro en su postura a pesar de ti.

¿Qué sucede con los antagonistas? ¿Podemos tener con ellos también una relación profunda y de diálogo?

Sí. Una parte muy celebrada del curso que imparto es sobre villanos. Son los personajes más difíciles de crear porque solemos hacerlos planos. Es decir, nos limitamos a crear a alguien medio loco que quiere conquistar el mundo; cuando en realidad el villano debería ser el personaje más complejo de todos. Salvar al mundo es algo que casi todos haríamos si tuviéramos que, pero querer conquistar el mundo requiere una motivación mucho mayor, un carácter fuerte y una historia muy firme. Si para conquistar el mundo necesito primero adueñarme de 50 empresas o ser presidente de un país, por ejemplo, no cualquiera puede ser villano. Salir de situaciones difíciles requiere de un carácter sólido, una determinación concreta y una fijación sobre su meta, y eso hay que reflejarlo en la historia. Si el villano no cuenta con esta motivación, caemos en el villano de cartón de los comics que es cruel “porque es cruel” y que desea conquistar el mundo “porque está frustrado ya que nadie lo valora”.

 Todos tenemos una motivación detrás, también nuestros personajes…

No hay personas malas porque sí; todos los villanos piensan que están haciendo lo correcto desde su perspectiva y su mirada, incluso sintiéndose víctimas (“es que nadie me comprende”). No existe la maldad absoluta en los villanos; el objeto de su motivación es real para ellos. Aunque sus actos no se justifiquen, debemos entenderlos en su totalidad para poder transmitir su complejidad en nuestra historia.


Te invito a continuar con nuestro té en el siguiente enlace: Un té con la abrazadora infinita

Gracias por leernos.

-Poli Impelli y Priscilla Ferrari –

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

7 pensamientos en “Un té con Priscilla Ferrari

  1. Gracias por compartir esta entrevista con nosotros. Y enhorabuena a Priscilla por la publicación… bueno, por todo.

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  2. Felicidades y gracias por compartirnos

    Le gusta a 1 persona

  3. Pingback: Un té con la abrazadora infinita | La Catedral de las Sílfides

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