Abrazo Infinito

Delirio de un estómago

15 comentarios

Siento el dolor adentro, punzante, real, ahí está. Me jode, me duele. Quizá sí tenga que animarme, aunque depende de una decisión ajena. Tengo que entrar, voy a poder entrar, debería entrar. ¿Debería? No quiero. ¿Quién me obliga? Me veo ahí sentada y me ahogo. Me falta el aire, siento que me desmayo, pero acá afuera también duele. Si no pasa, si no entro, tendré que volver a pasar por esto otra vez, no queda más remedio, y no quiero. No quiero este nudo en el estómago, ni ahora ni nunca. No quiero volver a sentirlo. ¿Qué hago? Mi mano aprieta el estómago. ¿Cuánto falta? ¿Por qué siempre soy la última en enterarme? Esto me recuerda a las filas interminables en las cajas de los supermercados; las detesto. Si tan sólo fuera esperar para pagar algo bueno. Pero esto… ¿cómo sé si será bueno? ¿Me servirá? Podría irme y no volver nunca más. Aunque hoy no se me ocurre otra salida, cómo podría vivir luego, zafar. No puedo, soy muy chica, soy inocente. Una pelotuda, bah. ¡Cómo duele! Tendría que haber tomado un calmante… ¿calmante para qué? No, mejor que no lo hice; prefiero estar bien despierta. ¿Para sufrir más? ¿Faltará mucho? Si no me llaman en quince minutos, me voy. Mentira. ¿Adónde me voy a ir? No puedo irme. Con 18 años, ¿adónde creo que puedo ir? Esta mierda de elegir… no la entiendo. ¿Algún día lo entenderé? Esto me pasa por tener tiempo para pensar estupideces. Me falta el aire. ¿Será normal? Acá los demás parecen estar bien… ¿simulan, o están seguros de saber tanto? «Sólo sé que no sé nada». Ja, eso lo rendí hace unos meses. Me fue muy bien, aunque todavía no lo entiendo, no sé bien qué quiso decir ese hombre sabio, pero estudié mucho; el 10 merecido por haber estudiado, no por haber comprendido. ¿Algún día lo entenderé? ¿Acaso me importa en este momento? Me muerde por dentro, me come, ¡qué nudo de mierda! ¿Hasta qué punto es necesario? ¿Hay necesidad? ¡Quién me manda! ¿Dónde dejé mi bolso? Voy a hacer surcos en el pasillo si no me quedo quieta…

Me voy. Sí, llevo cinco horas empollando el dolor en mi estómago, esto es injusto. ¡Es una tremenda injusticia! (No podría ser abogada, no; mejor me quedo). El baño. Necesito ir al baño, ya es la quinta vez que voy, y hace un calor que asfixia pero yo tiemblo. Basta, no hay necesidad, no es necesario pasar por esto para llegar a hacer algo bueno en la vida. Ay, me duele, qué nudo insoportable. Y ya quedé sola, afuera, y se van todos. Entran y salen y no dicen nada. Hasta acá llego. Qué falta de respeto, al tiempo y a la juventud ansiosa. Me fui.

—Gutiérrez… —dijo la voz del profesor, al tiempo que su cuerpo abría la puerta del aula. Levantó su vista y me encontró—: ¡Gutiérrez!

Giré mi cuerpo que ya había bajado un escalón hacia el segundo piso. Sentí mi sangre helada; me habían atrapado en el escape furtivo. Miré al profesor con cara de payaso sin público.

—Gutiérrez, felicidades. —El tipo estiró la libreta en el aire hacia mí—. Con este nueve en el escrito usted no pasa al examen oral. ¡Felices vacaciones!

Me acerqué con temor a agarrar mi maldito registro de aciertos y debilidades, y le agradecí fingiendo alivio.

Con mi estupidez a cuestas bajé los escalones, avisándole a mi estómago que ya podía tomar aire. Volvimos a casa confundidos; él aún dolía (demasiado había sufrido) y yo, que ya había pasado antes por este castigo otras cuatro veces, quedé aturdida, pensando que tal vez mis palabras escritas decían algo más que un nueve.

Un año que termina y no llego a los orales, pero el noventa por ciento de quienes me rodean al menos pueden justificar sus nudos, sus paseos por el baño, sus intentos de fuga o sus extensos meses de encierro. A ellos se los escucha, se les permite desatar ese dolor en el estómago cuando entran a esas aulas. ¿Por qué no a mí? A ver si en el próximo nos acordamos, querido estómago; no hay necesidad de ponerse así, ¿eh? ¡Basta! Liberá el estrés de una santa vez. Ya estamos en vacaciones. Con escribir a nosotros nos basta. Ya lo entenderemos, te lo prometo… algún día.

Poli Impelli.

Nota: justamente en la Universidad, recuerdo haber leído a Borges contando lo que se siente al encontrar lo que escribimos siendo niños o jóvenes. Cómo vemos la vida y la sentimos, en qué lugar la sostenemos y cuáles son las señales que nos llevan a vivir la vida como la vivimos. No me vas a leer, querido Jorge, pero lo encontré hace pocos días entre mis papeles olvidados, esos que me dieron dolor de estómago durante largos años. Si desde algún lugar lejano pero certero me ves, te cuento que mi estómago y yo ya lo entendimos.

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

15 pensamientos en “Delirio de un estómago

  1. Hola.
    Me quedo en cuatro bloques, este es un relato excelente. Me da hasta pena estar satisfecho de cualquier cosa que haya escrito luego de leer esto.
    Te felicito, no sé porque no he visitado tu blog antes.
    Salduos

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    • Hola, Memo! Qué alegrón tenerte por acá. Te leo siempre, porque de/con vos aprendo (recapitulo, vuelvo a recordar, tomo nota para mi novela, corrijo, me enojo conmigo, me doy cuenta de cuánto me estoy equivocando, y vuelvo a ilusionarme cuanto más aprendo. ¡Gracias!).
      Nunca es tarde para nada, y acepto las críticas con el mismo gusto que los halagos. Soy una aprendiz eterna (en todo, por suerte).
      Gracias por venir. Saludos y abrazos! 🙂

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  2. Comienzo a salivar y no sé cuál será la salida….
    Que momentos incomprendidos para ahora verlo claro

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  3. Algún que otro delirio de estómago he tenido, ajajaja

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  4. ¡Genial! Yo aún tengo pesadillas con la «Termo» —Termodinámica—. Y hace casi treinta años que la aprobé y con nota.
    Siempre he dicho, y perdóneseme lo escatológico, que los exámenes son como el cagar. Duele antes de salir, pero luego te quedas a gusto, salga lo que salga.

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    • Ajajaja ;-). Es una perfecta comparación, sin dudas! Yo escribí esto hace 26 años (tuve que corregir puntuación, lógicamente), y ese dolor de estómago se repitió tantas veces que me pareció acertado. Lo bueno es descubrir cuánto valió la pena :).
      Escríbele a la Termodinámica y dile que si no se retira, la tirarás en el toilet (estuve fina…).
      Gracias, Francisco.
      Abrazos de los míos.

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  5. Coincido con Paula. Me ha atrapado de principio a fin. Ritmo extraordinario.Me ha gustado la estructura del párrafo inicial, sin pausas. Intimida, pero cuando estás dentro, no puedes salir.
    Excelente. Gracias por compartir.

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    • Muchas gracias a ti por pasar y leer. Tus palabras son un halago, porque con 18 años tal vez sólo sabía mi nombre. Si salió así, supongo es porque tenía atragantado el nudo esperando afuera de esa “maldita” aula ;-).
      Un placer tenerte por aquí. Abrazos infinitos!

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  6. Esto está buenísimo Poli, lo leí super rápido…parecía un diálogo implantado en mi cabeza.
    Te felicito, me encantó.

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