El ladrón de sueños


Siempre me ha parecido gracioso

que se venere a las diosas

mientras que, en la vida cotidiana,

a las mujeres se las relega

a una posición secundaria

y se las considera inferiores.

– Doris Lessing (La grieta) –

 

«Quiero ser… sencillamente quiero ser. Punto. Devuélvanme los sueños la infancia, la ilusión, la vida», grita desesperadamente Talile.

Talile, cuyo nombre significa pureza, agua cristalina, posee una mirada que se deshace lentamente, como un torrente muriendo en el vacío.

Soñar nos da la vida, nos mantiene respirando.

Llora el cielo, la mirada de Talile se funde en lágrimas de sangre que se escurren entre las piernas por las que asoma el llanto de Fayisu. Se abre paso rompiendo con la cabeza barreras, envuelto entre lágrimas de sangre. Son las lágrimas de su madre, que salen ahora, nueve lunas después de la noche que le abrieron en lo más íntimo de su cuerpo robándole la dignidad y los sueños.

A Talile le cortaron las alas a los trece años. Fue entregada en matrimonio a su vecino. Su marido no tenía trabajo así que Talile se veía obligada a vender su cuerpo por las noches, a cambio de dinero, para obtener comida para ambos. Al poco tiempo perdió la regla y la esperanza, empezó el embarazo que, sin saberlo, acabaría con su corta vida por una prematura y evitable muerte.

Nunca aprendió a leer ni a escribir.

Un brillo bajo trece años, infancia que acaba de ser vulnerada. Hoy es madre. Y las lágrimas no son de alegría ni de pureza. Talile no puede hacer honor a su nombre. A su vida le acaban de robar los sueños. El ladrón no ha sido su hijo, que no es más que una mirada inocente que acaba de llegar al mundo; ha sido el hombre que sin previo consentimiento y con violencia le ha arrebatado de un golpe los sueños, hace ya nueve meses.

Brilla su mirada, resplandece el alma de Talile mientras pronuncia las palabras de querer ser enfermera para cuidar a su pueblo. Es su sueño, su historia, su vida… ahora rota, robada.

Talile ahora está condenada a alimentar una nueva boca. A Talile le han robado los sueños, pero no le han robado la esperanza de que su hijo pueda un día hacer realidad esos sueños.

La esperanza de Talile es alimentar la vida de su nuevo hijo para que pueda escribir sus sueños sin que nadie se los arrebate, como lo han hecho con ella. Fayisu ha sanado a Talile, haciendo real el significado de su nombre.

Fayisu sueña con ser combatiente del ladrón de sueños, el allanador de moradas, de cuerpos y almas. Sueña con ofrecer protección y defensa a las mujeres ante el ladrón de sueños.

Fayisu acaba de nacer como nacen la mayor parte de niños en la zona rural del sur de Etiopía, a la penumbra de una choza de adobe y paja. El parto lo atiende la mujer experimentada del pueblo, aunque sin ningún medio ante la más mínima complicación. Un río de sangre inunda la habitación y se lleva por delante la vida de Talile, desangrada.

Una pequeña complicación, un sangrado de más, es motivo suficiente para acabar con la vida de la madre. Con menos de doce horas de vida, Fayisu es huérfano.

Talile ha mueto. Pero ha muerto de injusticia, de olvido. Su muerte podría haber sido evitada.

Talile podría haber ido al colegio, accedido a la universidad, casarse por amor. Decidir cuándo quedar embarazada. Acudir al centro sanitario a controlar el embarazo. Detectar a tiempo el embarazo de riesgo por presentar una placenta previa. Haber acudido al hospital a tiempo para realizar una cesárea que hubiese salvado su vida y la de su hijo.

Se podía haber evitado si…

Si tan solo… hubiese tenido acceso a la escuela, hubiese aprendido los métodos de planificación familiar e incluso habría podido estudiar una profesión, como su amiga Natsanet, que está estudiando enfermería.

Si tan solo… hubiese realizado un control de embarazo, se hubiese detectado a tiempo su desnutrición y anemia, y habría recibido suplementos nutricionales con ácido fólico y hierro y un correcto seguimiento del embarazo.

Si tan solo… hubiese acudido al hospital en el momento del parto, se hubiera podido practicar una cesárea, antes de que se produjera la ruptura uterina, y haber salvado así su vida. Así, además, disminuiría la elevada mortalidad materna y el número de niñas y niños huérfanos de nacimiento, víctimas vulnerables de la pobreza.

Si tan solo… el personal de los centros de salud estuviese bien informado de las maniobras básicas de reanimación neonatal, muchos niños y niñas que nacen sin respirar sobrevivirían y podrían llevar una vida completamente normal, disminuyendo así la elevada mortalidad perinatal.

Cada dos minutos una mujer muere durante el embarazo o el parto por una causa evitable. Es decir, 800 madres en un día, cerca de 300.000 al año.

Cada minuto mueren seis recién nacidos debido a problemas de salud de la madre. Son 8.500 recién nacidos al día. Más de tres millones de niños al año.

Las principales causas evitables que conllevan muerte materna son: desnutrición y una escasa educación de la madre. Para combatir estos dos puntos promovemos la igualdad de condiciones para niños y niñas, ya que actualmente en una misma familia, mientras los niños reciben una buena nutrición y educación, las niñas se encuentran en casa cuidando de los otros hermanos o cargando bidones de agua.

Que no mueran más madres por injusticias sociales.

Ninguna madre debería morir al dar vida.

En Etiopía primero sobrevives, luego los más afortunados llegan algún día a vivir.

 

Que ser mujer valga la Alegría, no la pena

Que nacer mujer valga la Alegría, no la pena.

Que nacer niña valga ir a la escuela,

No trabajar, cargar agua, cocinar.

Que la infancia valga para jugar, reír, soñar,

No casarse de niña.

Que la infancia sea jugar a cuidar muñecas

No ser madre de una pequeña hija.

 

Que ser mujer valga sus derechos, no su condena

En cualquier parte del mundo, mujer entera.

Que la vida valga la Alegría, no la pena

Que vivir sea una Alegría, no un sobrevivir.

 

Que la niña, mujer, tenga las mismas posibilidades

Sin depender del lugar de nacimiento

Que sea la misma Alegría nacer donde nacer

La Alegría de vivir, de crecer, reír, soñar…

Y vivir libre y feliz.

 

A todas las mujeres del mundo

Nazcan donde nazcan, por ellas,

Para que allí donde sea que fuere

Ser mujer sea una Alegría, no una condena, no una pena.

 

Mientras no sea así,

Hombres y mujeres de todo el mundo

Seguiremos defendiendo el derecho a ser mujer

A vivir mujer

El derecho a ser niña, a vivir infancia.

 

En resumen, defender el Amor

Porque lo que nos falta es Amor.

 

Y que el Amor valga la alegría, no la pena.

Que la vida valga la Alegría, no la condena.

Vivir, no sobrevivir.

Iñaki Alegría

El modelo de cooperación

Poli Impelli. 

 

 

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