Luz verde

Ya no sé la cantidad de veces que veo a gente detenerse en un semáforo que chilla una luz verde, y yo freno detrás recordando a todos sus parientes. ¿Por qué lo hacen?

Creo que andamos por la vida de manera inconsciente, sin darnos cuenta del momento presente. Soy la primera en hacerme responsable por este hecho tan obvio en nuestra vida cotidiana. Ya no distinguimos el rojo, el amarillo o el verde. Andamos con los pensamientos en cualquier lugar, atentos al teléfono en mano, o creemos que realmente tenemos que frenar porque ya unas manzanas antes lo habíamos hecho. En rojo, como corresponde.

La inconsciencia nos va dejando ser y hacer, y luego le llamamos destino.

¿Cuántas veces hacemos lo mismo con la vida?

Nos detenemos en luz verde, cuando la vida nos está dando paso libre y permitido para ser, hacer y deshacer a nuestro gusto y con los recursos que tenemos.

Si voy en un coche por una calle transitada en una gran ciudad, la luz verde de un semáforo me da permiso y el medio que tengo es el coche para que yo avance (en este caso, el pedal del acelerador y una caja de cambios, recursos externos). Esos recursos los tengo a mano y los uso de forma casi inconsciente. Sin embargo, freno. Porque veo una luz pero sin darme cuenta de que efectivamente tengo el verde a mi favor. En mi inconsciencia, veo el color rojo.

La vida nos muestra en las narices, y en todos los ámbitos de la vida, el color verde chillón, el de la esperanza, de mil formas y a veces hasta nos canta un “ole, ole” detrás, pero andamos no solo ciegos, sino que sordos, ¡también!

El paralelismo del coche y el semáforo lo he pensado más de una vez, cuando tarde me he dado cuenta de que tenía una luz verde que me encandilaba, pero yo la veía roja. Sin ser daltónica ni tener problemas de vista. No usaba lentes en ese entonces, menos excusas tenía. Pero incluso hoy, me pregunto la cantidad de luces permitidas que quizás no puedo ver. Sea por no querer verlas, por negarlas, por sentir miedo, por no sentirme capaz, por temer a lo desconocido, por no estar a la altura de mi propio acelerador.

Pero después me quejo cuando la luz es roja y yo vengo acelerando a un ritmo delicioso y encima voy con poco tiempo, tengo que llegar a destino y el semáforo me salta con el rojo que encandila. ¡Y puteo! ¡Puteamos!

Me encantaría pensar que no existen colores para esto, pero siendo que la vida es un ciclo de cambios y de anhelos con recompensas, está bien prestarles más atención.

El problema mayor, el de la inconsciencia de no ser y estar presentes, no es el color rojo. Esto tiene una función crucial: detenernos, esperar, bajar cambios (nunca mejor dicho), poner punto muerto y esperar a que sea nuestro turno para seguir adelante. La gran pregunta interior debería consistir en cuestionarnos la luz verde. ¿Por qué frenamos?

Espero que en vez de estar mirando luces rojas todo el tiempo, empecemos a plantearnos por qué no podemos ver las luces verdes, imaginando un semáforo inmenso y enteramente individual que nos dice: «pase usted, adelante».

Pase usted a definir su relación sentimental. Tiene luz verde. No depende de sus amigos, de su familia, ni siquiera de su pareja. Depende de usted.

Pase usted a definir su situación financiera. Tiene luz verde. Es suya, no del entorno, ni de la clase política, ni del medioambiente. Depende de usted.

Pase usted a definir su estado de salud. Tiene luz verde. Es suya, no depende solo de la decisión de sus médicos, de la compañía, de los medicamentos, del sistema de salud que le proponen. Primero, la luz verde es toda suya. Defina. Depende de usted.

Pase usted a definir sus amistades. Tiene luz verde. Haga y deshaga, no depende de ellos, de los otros. Depende de usted.

Luz verde.

Aprendamos a ver los semáforos, porque el amarillo, el rojo y el verde son colores que podemos utilizar en nuestra vida y no solo para la ropa y los accesorios, para adornar una casa o para hacerle caso a un semáforo. En la calle nuestro recurso es el coche que conducimos. En la vida tenemos muchas otras maneras: habilidades, talentos y capacidades. Estos son nuetros mayores recursos para prestarle atención a una luz verde.

¿Cuáles son tus recursos? ¿Qué colores puedes ver frente a ti? ¿Te animas a los verdes de la vida?

Poli Impelli

 

 

 

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. La Rubia dice:

    Para comenzar la mañana leer tu entrada está fenomenal, es un chute de realidad y reflexión. Así pensamos que tenemos que ir hacia adelante, prestando atención a lo que tenemos a nuestra disposición y no pararnos, porque nos dejamos llevar. Un abrazo.

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    1. Poli Impelli dice:

      ¡Hola, Rubiaaaa! Tanto tiempo. La perdida soy yo, lo sé 😉
      Gracias, me alegra que sientas ese chute y que veas las luces verdes en tu camino, que no las tenemos porque sí encandilándonos, sino para avanzar cuando es nuestro turno.
      Abrazo de vuelta, espero estés MUY bien 🙂

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      1. La Rubia dice:

        💪🏽💪🏽💪🏽

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  2. elcieloyelinfierno dice:

    ¡ Unas reflexiones propias de un semáforo ! Porque será se pregunta…que Poli me ha tomado de ejemplo, para ilustrar el temor o parálisis o confusión que tienen los seres humanos en re-ordenar sus vidas. Y buehh…Poli; pasa lo que pasa, porque existen personas que viven según se identifiquen con los tres colores. Rojo; en pánico frecuente. Amarillo; en la duda permanente. Verde; en la esperanza aun en los peores obstáculos que la vida, les presenta. Sabes en mi auto, imagino que mis butacas, están tapizadas por un fuerte verde esmeralda. Un cálido saludo.

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    1. Poli Impelli dice:

      Ajajaja, qué buena reflexión. Pues eso, ya imaginar que el tapizado es verde esperanza hace mucho al colorido general del recurso ;-).
      Yo me imagino los semáforos con los ojos en blanco, con las manitos que no tienen sobre la cabeza, pensando… “esta gente, ¿qué ve cuando cambio de colores?”, jaja. Pues eso, vemos lo que nos conviene ver, por distracción o por cobardía.
      Gracias por leer, por tu tiempo. Un cálido saludo de vuelta.

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