24 horas

El bien más democrático que existe es el tiempo, porque todas las personas del mundo tenemos exactamente el mismo: 24 horas en nuestro día a día. Hay gente que nace en condiciones extremas de pobreza y otros en la situación opuesta, pero lo que no nos diferencia es el tiempo.

La decisión de cómo distribuimos nuestro tiempo depende de cada uno. Qué queremos hacer con nuestro tiempo, esto es, nuestra vida.

La gente se engaña diciendo «no tengo tiempo para esto, no tengo tiempo para lo otro». Siempre tenemos tiempo para lo más prioritario, para lo que elegimos hacer con nuestro tiempo, seas quien seas y venga de donde vengas. Evidentemente, no tenemos tiempo para todas las prioridades, para eso existen.

Reconocer que en realidad le estamos dando tiempo a prioridades individuales es un acto de humildad. No nos engañamos. Hay cosas que no te puedes quitar del medio, pero, aun así, con el tiempo libre decidimos qué hacer con él.

Ser consciente de cómo pasa el tiempo y cómo las agujas del reloj no se detienen te hace pensar qué es lo importante para cada uno.
Respetar en qué distribuye el otro el tiempo es prioridad también.

A muchos nos gusta dormir bien por la noche: ver que el día ha merecido la pena en cómo hemos distribuido nuestro tiempo y en qué invertimos la atención. «He aprovechado mi tiempo, he hecho de este día algo que merezca la pena y la alegría.

Para la gente que dice nunca es un buen momento, pues solo puedo decirles que tienen razón. Les doy toda la razón del mundo. Nunca es un buen momento para dejar esa relación que no va más, nunca es momento para cambiar de trabajo y jamás es un buen momento para tener hijos, comprar esa casa o venderla. Porque el momento ideal no existe. Viene por añadidura cuando tomas el valor incluso en ese supuesto mal momento.

El miedo a la pérdida o pensar qué vamos a ganar si damos el paso es lo que nos frena.

Tomamos decisiones por miedo a la pérdida. Algunas personas van siempre a ganar. Una cosa es intentar no perder y otra es ir a ganar.
Y la gente que va a ganar dice: «asumo el riesgo de que esto puede salir mal, pero no dejaré de hacerlo».
El momento perfecto no lo es para nadie, y vamos a tener que prescindir de cosas, hacer ciertos sacrificios, esfuerzos y fabricar el tiempo en 24 horas.

Saltar al vacío y creer en uno mismo te enseña que nunca es un buen momento.

Muy poca gente tiene el apoyo alrededor de gente que los empuja a tomar decisiones, incluso cuando creen que no es un buen momento. En realidad, casi ninguno de los que saltamos.

La sociedad está educada para no perder, no para ir a ganar.

Estamos programados para trabajar para otros, para ubicar el tiempo de esas 24 horas para tener cosas y percibir que eso es seguridad. La estabilidad y que no nos falte nada.
Muy pocos padres prefieren que sus hijos asuman riesgos y eso es algo natural. Nos lo han metido con embudo desde que somos pequeños.

Mucha gente tiene sueños escondidos en un cajón, y no se atreven.

Es cuestión de asumir riesgos. Abrir ese cajón y poner en una balanza la realidad: tengo 24 horas del día y esto que tengo aquí guardado no tiene nada que ver con lo que me han dicho que debía hacer con mi vida.

Si prefieres lo malo conocido que lo bueno por conocer, aunque puede que te caigas y te estampes, entonces ya verás el riesgo de comodidad que asumes. Generalmente, sucede cuando ya la vida ha pasado y miramos hacia atrás.

Todos tenemos el mismo tiempo. Pero el momento bueno de antemano no lo tenemos asegurado.

El momento en la vida en la cual empiezas a arrepentirte de lo que no has hecho generalmente llega con una enfermedad terminal, con la edad y/o con la jubilación, porque hemos esperado toda la vida el momento de «terminar» con la vida que tenemos.

No me parece ni sexy ni alentador.
De hecho, es normal, pero sin dudas, para ser consciente de que se puede perder hay que ser muy valiente. Nadie te garantiza que en ese salto te va a ir bien. O lo intentas mil veces o abandonas y vuelves atrás.

Y tampoco pasa nada. Porque en ese salto aprendiste algo que los demás jamás van a aprender.

Creo que allí resalta la diferencia: los que saltamos y somos conscientes de las 24 horas cometemos más errores, tenemos más tolerancia a la frustración, a que nos sorprenda la vida de mil formas, estamos abiertos a salir de la seguridad que nos contaron, del cuento chino, y por eso siempre estamos aprendiendo. El aprendizaje se torna un círculo de beneficio constante. Insisto, algo que el resto no podrá ver, sentir, palpitar en carne propia ni aprender jamás.

Yo no quiero terminar con mi vida, no espero a una jubilación, una enfermedad terminal, otra pandemia o que se me caiga el techo encima para definir prioridades. Mis decisiones son siempre para ganar, no para no perder, aunque me caiga y me estampe, tengo solo 24 horas: el único bien democrático para todos.

– Arturo García –


Y yo: @poliimpelli ✍

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. carlos dice:

    Ni siquiera protesto, aguanto de manera estoica los consejos para practicar una jubilación profesional al gusto popular, juvenil, gubernamental y demás insolicitados.tales, Cuando lo que ahora mola de verdad es perder el tiempo Lying In the couch, mirando lo que escriben las demás. Mientras nadie se ocupa en aplanar las jodidas cuestas. Un abrazo.

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    1. Poli Impelli dice:

      Gracias por pasar 🙂 Abrazo de vuelta

      Le gusta a 1 persona

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