De cambios… y en colores

Después de una gran mudanza, que me llevó a unos «poquitos» kilómetros y sumó algún que otro cambio (idioma, clima, diferencia horaria, costumbres, gente, desaprender lo aprendido, volver a aprender lo olvidado, en fin… eso que vivimos todos los días), decidí cambiar mi sitio virtual, también. No es que cambie mis abrazos infinitos; esos ya son sello mío y serán dados y recibidos con gusto y en toneladas. Solo cambia la casa, tal cual lo hago en mi vida, pero lo que llevo dentro es lo que me mueve, lo que me hace salir de mi zona de confort. Y como no podía con mi genio (y porque me gusta ser fiel a los cambios) es que incluyo mi escritura como partecita vital de mis transformaciones.

cambio

Ya quisiera tener esta habilidad para saltar de un lugar a otro…

Todo queda igual y en familia, pero ahora me encontrarás en www.poliimpelli.com

Adentro seguirás sintiendo abrazos, de los infinitos, y será un placer que los puedas compartir conmigo.

No he tenido mucho tiempo (esto de cruzar océanos tiene su encanto…). Sin embargo, algo pude hacer para darte la bienvenida, si es que quieres seguir a mi lado. Este lugar (www.abrazoinfinito.wordpress.com) dejará de existir de a poquito, cuando me vayan acompañando en mi nueva casa.

Aquí los invito desde hoy: Poli Impelli

Como siempre y una vez más, GRACIAS por leerme y por todo el cariño que llega desde tantas partes del mundo. Es caricia al alma, responsabilidad para mis letras, felicidad a mis manos y, de paso, un regalo que me permite devolver lo que tengo para dar.

Que reciban lo mejor de la vida (y un poquito más), y espero estén sonriendo como yo. Abrazos infinitos.

Poli Impelli

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Ya es hora…

Es hora de soltar anclas

de abrir alas

de aceptar el reto.

Es hora de olvidar lo que queda en el olvido,

de darle espacio a lo incierto,

de agradecer lo vivido.

Es hora de sondear el destino,

de aceptar la prueba y el error,

de dar la bienvenida

al incierto camino.

Es el momento ya repetido de sabernos fuertes en un basta por ahora, porque mis naves son de acero y tu corazón guía el navío.

Porque si nos permitimos lo incierto entonces vamos por buen camino. Porque si nos detenemos en la espera morimos en vida y se torna condena.

Ya es hora de soltar un GRACIAS con el corazón partido. Que nadie muere cuando hay vida, y que la vida es esto, ni más ni menos que encontrarle algún sentido. Que depende de uno amar hasta el cansancio y el amor también es huella en lo vivido, cuando el presente aprieta timoneando naves en un mar desconocido.

Que no aparezcan carteles anunciando cobardía, porque voy a elegir otro camino. Que si se pone oscura la noche siempre encuentre una vela en mis maletas, y que encuentre compañía en quien me quiera y que lo sienta.

Es hora ya de hacerle caso a esa intuición bien clara y tonta, que se pierde por momentos de su rumbo en el camino. Ella sabe y yo la escucho… que yo sorda aún no estoy, aunque a veces me demore en escuchar lo que recibo.

Venga, que tú y yo ya hemos tenido suficiente, está bien por el momento. Vuelvo a escucharte claramente, te sonrío y guiño un ojo; más me vale que sea ahora y no más tarde, cuando ya no queden fuerzas suficientes. Preparo equipaje y armo el circo; nunca sé con qué me encuentro. Despacito suelto anclas, miro el puerto. Hay de todo en esa orilla, incluso esas siluetas que no me han mirado ni elegido. Miro atrás y veo huellas en el sendero, invisibles para algunos, para otros grandes surcos de recuerdos.

Que no me pierda en el camino, y que si me pierdo vuelva a reír de mi despiste y de mi olvido. Que sepa ver a tiempo cuando no hay lugar para mi ser y mi navío. Que tengo a mano otra maleta de verdad y valentía, porque siempre es necesaria para abrir espacio en otras vidas.

Que no descanse más de lo necesario, porque si igual voy a morir prefiero estar despierta en la tormenta y disfrutarla, que andar dormida en la rutina, el aburrimiento o el hastío. Que al respirar mi corazón inunde de furia, esa necesaria que me empuja a saltar al vacío. Que la adrenalina no abandone jamás mi sangre, porque los saltos son grandes y estoy en soledad, muy cerca del precipicio. Nadie me empuja pero tampoco toma mi mano, nadie me detiene ni me espera al otro lado. ¿Qué más da, si el viento empuja las velas y mi corazón está ya preparado?

No hace falta tanta materia ni peso; yo sólo quiero una gran bolsa verde de esperanza, kilos rojos de amor y tres cajas amarillas de locura. Que repuestos no me falten, y si las reservas se agotan que siempre encuentre a alguien que le sobre y me los preste por un tiempo. Juro que no robo, y que devuelvo hasta el último céntimo.

Que así me vea algún pirata, tropezando con la bolsa y con mis cajas. Que se ría a carcajadas cuando sus naves se pierdan, pero que confíe en lo que ha logrado al levantar sus propias anclas. “Te cambio tu bolsa por una de mis cajas”, que hoy por ti y mañana por mí no serán un gran dilema.

Porque llegó el momento que tanto susurrabas; no podía oír, “tengo mucho por vivir, no me apures que voy lenta”. Tu respuesta llegó a tiempo: “pero entonces, no les mientas”. Y cómo no escuchar a la intuición y al corazón, si son ellos los que aguantan, empujan y abrazan en la espera.

Que sea hoy y no mañana.

Que mañana puede ya ser tarde, y luego te lamentas.

Eleven anclas, ya estoy lista. ¿A quién le hablo, si no hay nadie a la vista? Arremango abrigo, calzo botas, con un par es suficiente. Miro al cielo, celeste como mi bandera y limpio. Respiro sal, libertad y algo de atino. Giro mi vista bañada en nubes, y allí veo a mi Madre: siempre firme, siempre en puerta. Dando a luz de nuevo, como aquel primer día de febrero, diciéndome en sus ojos “ya no frenes, no tengas miedo. Que la muerte te encuentre bailando, cantando, haciendo, alzando tu voz, sintiendo amor del bueno y no durmiendo”.

Papá tiembla a su lado, disfrazado de hombre valiente, mientras el calcio de sus huesos se convierte en todo miedo. Con sonrisas saca fuerzas de la misma vida que me dio y me abraza diciendo: “cuando el viento intente tirar tus velas, nunca olvides tu calma. Respira profundo, que sea tu propio aire el que detenga la tormenta. Si me muero en tu ausencia no te detengas, mirá siempre hacia adelante que yo estaré esperando en la otra orilla. Y no olvides que cuando la noche oscura llegue será la hora más cercana al amanecer, no renuncies a ella…”

Suelto a mi viejo; el aire empuja una próspera salida. Dos hermanos sonríen a mi osadía, esconden lágrimas tal vez y como siempre, esquivando otra puta y esperada despedida. Elecciones, consecuencias de la vida.

No me extrañes; sigo siendo, sigo estando.

Que se vengan más tormentas, yo ya estoy navegando.

Que los golpes me den en lo justo, y que si no remonto con rapidez la vida me pille puteando.

Que no te arrepientas jamás de haberme amado y de no haber subido a mi navío, que la culpa es dañina y el daño es malo. Que no levantes desesperado tus manos gritando palabras al viento… ya zarpé hace rato, el aire ensordece y no te oigo; en el mar hay mucha brisa. No grites más… es tarde y siento frío.

Que las lágrimas valgan la pena, que sin ellas tampoco hay risas ni cantos.

Que sea hoy y no mañana. Se me hace tarde; la incertidumbre se viste de engaño y no sabe de esperas.

Que caiga cien veces más y me levante otras mil,

porque a esta altura

el cuerpo aún vibra

y mi sangre quema,

de amor explotan

los sueños que esperan;

el corazón renace,

las manos tiemblan.

Navego contra el viento

y mi alma…

vuela.

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No me extrañes; sigo siendo, sigo estando.

-Poli Impelli-

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Cuidar amando

Es más fácil construir niños fuertes

que reparar adultos rotos.  

– Frederick Douglas –

 

Ser padres y no mirar bien a los hijos… no lo comprendo en absoluto. No me cierra desde mi visión de no-madre, pero en mi mirada de Mujer está mi niña. Y yo a esa niña sí la miro, sí la quiero, sí la acepto y sí la amo. Elija lo que ella elija y como ella quiera ser.

¿Por qué no sanamos nuestros tiempos pasados y dejamos de proyectar en los hijos lo que no pudimos ser, lograr o desear para nosotros mismos? ¿Qué esperamos de ellos? Un padre lo ha sido para DAR sin límites. Es el único amor incondicional que existe.

Qué pena… que desperdicio que se nos pase la vida, que ellos crezcan tan rápido y estemos tan ocupados, estresados, alterados al punto de no darnos el tiempo de mirar lo que ellos necesitan y piden a gritos, gritos que se traducen en un 4 cuando ansiosos esperamos un 10, en berrinches que tapan sonrisas y obediencia amorosa, en ansiedad de comidas chatarra en lugar de agradecimiento por lo que sí hay, en pantallas en vez de cuentos y canciones para irse a dormir. Los niños sueñan (igual que los adultos), pero pocas veces manifiestan cómo fluyen en esos sueños.

¿Qué sucedería con la sociedad entera si cuando decides ser Madre/Padre te comprometes ANTES con lo que estás buscando/programando/construyendo en comunidad? No somos seres aislados; somos un todo. El compromiso valdría la vida desde el amor genuino y el reconocimiento sincero de tus capacidades y habilidades emocionales como para mirar lo que le vas a dejar en este mundo, en tu barrio, en tu entorno, en la sociedad, a todos los que hoy no te ven. Porque vas a morir, y cuando no estés serán tus hijos los que quedarán como reflejo de lo que fuiste, diste y tomaste. Y si crees que es tarde, no te engañes. Siempre estás a tiempo para volver a mirarLOS y a mirarTE en ellos y con ellos.

Observa tu vida y pregúntate para qué llegaron… para qué les diste Vida. Si no fue egoísmo, ¿hay algo más?

Acompáñalos, no vaya a ser que te vayas antes de tiempo y tengan que solos remendar los huecos, tambalear por sus caminos intentando encontrarle algún sentido a su existencia. Claro que eso es parte de existir, de la esencia humana, pero con tu ayuda primaria les será mucho más fácil pisar firme en la vida cuando ya no estés a su lado. Aprovecha tu propia vida, porque no todos hemos venido a lo mismo, ni estamos acá por las mismas razones. Tal vez tu aprendizaje sea ese: el de mirarte con un poco más de perdón, de amor y de soltura a través de lo que ellos te muestran.

 ¿No te gusta lo que recibes, lo que ves en ellos? Te están mostrando lo peor y lo mejor de ti mismo/a. Te guste o no te guste, estés conforme o no, ellos son tu mejor laburo, tu mejor regalo a la Vida. Son el regalo que me dejas a mí, a tu entorno, a los futuros jefes, a los profesores, alumnos, pacientes, compañeros, amigos, parejas. Todo lo que les traiga la vida será el reflejo de quien eres tú, Papá, Mamá.

Que no se te pase el tiempo. El tic-tac del reloj es muy tirano; a veces suena y chilla, otras, no llegamos a escucharlo. Y pasa. Pasa el tiempo de reconciliarnos, de comprometernos. No te comprometes con ellos sino con contigo mismo/a primero, porque te has postulado al trabajo más amoroso y demandante que existe. Y nadie te entrevistó para elegirte; esa es tu tarea primaria. Tus hijos te han elegido antes de que pudieras darte cuenta. Nada se compara a esta tarea, ¿verdad? Entonces… ¿qué estás haciendo? Quiérete mucho para poder tomar una elección consciente desde el compromiso sincero, y no «para tener quién te acompañe en la vejez», o para «no quedarte solo/a en esta vida». Los hijos no estamos para sustituir, rellenar o sanar tus carencias, ni somos enfermeros que deban postergar sus propias vidas y sueños. Esa es tu misión. ¿Acaso no lo(s) elegiste? Míralos. Hazte cargo. Ámalos en su totalidad, aunque muchas veces no estés tan a gusto con lo que trajiste a este mundo. Todo tiene solución, todo puede tener un cierto remedio y se puede volver atrás para comenzar nuevamente; sin embargo, con un hijo no hay retorno. No se deshace. No te queda más remedio que elevarte, que madurar, que tropezar mil veces y si no te das cuenta lo importante que eres por el solo hecho de ser Padre/Madre, tranquilo/a: allí estarán tus hijos para recordártelo.

El mundo está repleto de padres que abandonan, que con guita arreglan desaciertos, que con ausencias han dejado corazones rotos y velados de sabiduría. Hay víctimas matando, violando, corrompiendo, mintiendo, discriminando solamente porque no tuvieron padres. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo vamos a darnos cuenta que lo que nos pasa a todos comienza en casa, en el útero, en la mirada de Mamá, en la presencia de Papá?

Hoy ya todo avanza a pasos agigantados y con dinero podemos «comprar» bebés, alquilando vientres, engendrando en tubitos, y parece ser que las mujeres ya no necesitamos a los hombres para parir. Sea como sea que lo elijas o hayas elegido, tómate el laburo de mirarTE en un espejo, respirar profundo y serte honesto/a. Porque lo que hiciste o estás por hacer nos atañe a todos.

Que no se te pase el tiempo. No para engendrar, Mujer, sino para ser consciente. Ojalá tengas la fortuna de que tus hijos te sobrevivan (que mueras primero, como es ley de vida en el orden natural del amor) y que tus hijos —ya solos—  se hayan sentido mirados, aceptados en su totalidad, y que puedan ser hombres y mujeres honestos, gente de bien, empáticos con ellos mismos y con el mundo que les toca o les tocará. Luego ocupan cargos en empresas, clubes, escuelas, gobiernos, ámbitos de arte y cultura y aquí es donde se ve reflejado quiénes somos. Por favor, sé honesto/a. Y si da el tiempo, hazte cargo. Hay mucho por dar y recibir. Eres capaz de dar lo mejor que tengas para dar, y si no, apréndelo. Ya estás comprometido; no lo olvides.


Son estas «boludeces» que se me cruzan en imágenes y palabras cuando encuentro una fotografía mía de pequeña, cuando no tenía tantas palabras y no sabía qué querían de mí, ni cómo lo querían. Obedecía. Es lo que todos los padres desean…

Poli Impelli

Me miro y más me quiero por haber desobedecido, y porque lo que tengo para dar ya lo estaba y estoy dando a quienes saben recibir.

Son las palabras que me llegan cuando miro a la pendejita que fui y que amo con todo mi corazón de Mujer adulta y de Madre (aunque no lo sea con mi cuerpo en esta vida). Ser Madre/Padre de uno mismo también es un acto de amor bellísimo. Dicen que no se jura; peco y te lo juro.

Cuídate. Cuídalos. La sociedad te lo agradecerá siempre.

-Poli Impelli-

Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue como a la edad de seis años, abadoné una magnífica carrera de pintor. Estaba desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador tener que darles siempre y siempre explicaciones.

Antoine de Saint-Exupéry (en su Principito)

 

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Venezuela

Hipócrita confusión. Aristas abiertas. Labios sellados. Palabras dañinas. Promesas desleales. Creencias obstruidas.

El deseo de ser y no obtener permisos. La ilusión de querer hacer algo bien y no tener espacio. La necesidad de apoyo en vez de crítica. Las burbujas de calma que murmuran en el cauce del estrés. La sombra del árbol en verano. La cálida lana en invierno. La impotencia de la no ley. La terquedad de lo justo y la impunidad de lo injusto. El grito de la denuncia. La descarga en el whatsapp. El silencio que precede a la furia. El desconcierto de la soledad. La mirada de reojo ante lo inminente. La intuición que no miente. El temor de volver a empezar. El dolor por lo que revelan las raíces. El desapego por las ramas…

Lo que no ha sido dicho y volverá a nacer. Lo que fue silenciado y volverá a resurgir. Lo que ha sido robado y será devuelto. Lo que no se ha visto se habrá de ver. No es tu culpa, tal vez solo tu responsabilidad. No son tus pasos. No es tu camino. No es tu pérdida. No es tu cuerpo, no es tu ser. No eres tú. Son ellos. 

-Poli Impelli-

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Dicha

El placer de ser inadecuada, de levantar mi voz sin miedo.

La paz de preferir ser feliz antes que tener razón, y ver tranquila desde afuera cómo se matan empuñando egos.

La dicha de no sentir vergüenza por hacerle honor a mis vicios y por comer sin cubiertos.

La sonrisa que cubre mi rostro por gemir hasta que te dan espasmos y te asustas, y te preguntas si aún estás vivo con esa cara de espanto.

El deleite de moverme sin ritmo, de vomitar palabras y lágrimas al mismo tiempo. La satisfacción de poder reírme a carcajadas en un velorio y de poder llorar en un orgasmo.

El regocijo de sentirme completa para no necesitar de otras mitades. El gusto de ser yo y de que me importe tan poco lo que pienses o digas.

El gozo de poder decir «NO» aunque luego tenga que pagar las consecuencias. El placer de haber querido tanto y tantas veces para darme cuenta de que en mi lista siempre voy primera.

La fortuna de poder decir: «yo pago esta vez» y no sentirme más ni menos por ello.

El deleite de no empeñarme en complacer convencionalismos ni tradiciones ni «comprar» lo que el resto ofrece.

La diversión de no ponerle límites a nada, de cagarme de risa de mis defectos y de mis miedos.

La bendición de poder cocinar en pelotas, rascarme el culo un domingo en la mañana sin ninguna responsabilidad ajena o propia sobre mis hombros, y de estar lista para mí misma cuando estés por aparecer de la nada.

La felicidad de poder pisar descalza esta tierra, de no tener que llevar tacos por haber nacido mujer ni andar incómoda en mi camino, y de poder expresar a gritos que yo sí sencilla antes que muerta.

La rara sensación bien entendida por ser esa mujer a la que tanto temen, pero que extrañan en silencios y llaman aunque pasen años, porque están agotados de tanto plástico y sumisión buena, bonita y barata.

El inmenso placer de ser la más puta o la más santa, la más prudente o la altitonante, la más agnóstica o la creyente, la más ilusa o la intuitiva, la más mujer y la más hombre al mismo tiempo, cuando soy solo yo decidiendo.

En fin. Una gran dicha que justo, justo a mí, me haya tocado ser tan YO.

– Poli Impelli –

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Detrás de lo que ves

Vas al cine, te encanta. Voy al cine, me encanta. Otros se sientan durante horas con su culo frente a Netflix; ven sus pelis preferidas y siguen sus series favoritas con pasión, esperando el momento indicado para no hacer nada más que disfrutar de lo que les encanta.

Y ves/vemos de todo: personajes que quisieras matar simplemente por pelotudos, por cobardes, porque deberían decir justo eso que estás esperando y ellos no dicen, o porque te dan náuseas. Ves mujeres de todo tipo y color, y ahí está «¡la muy puta!» que «le roba» el marido a la amiga. Ves a la valiente y decidida que dio su vida por una nación. Ves a la madre que pierde a un hijo y se te fruncen hasta las venas por donde corre la misma sangre de ella, tuya y mía.

Ves crímenes, guerras con escenografías tan precisas, tan reales… (¿De dónde habrán salido?); ves batallas y luchas desde la era de Pedro Picapiedra hasta nuestros días. Ves fantasmas, espíritus, vida en otros planetas, amenazas, muertos que hablan y caminan a tu lado, mientras tus niños ven dibujos o personajes animados de toda especie para reír y emocionarse. Ves la historia que te han contado sobre algún Mesías, Maestro, Iluminado y te emocionas, me emociono. Ves al machista de turno dándole masa sin escrúpulos a cuanta mina se le cruza (con o sin juguetes y cuartos oscuros). Ves a las chicas de colegios secundarios peleándose por el rubio universitario. Ves accidentes terrestres, aéreos, marítimos —y alguna historia de amor o de traición justo cuando el botecito se hunde, y a vos se te frunce el hipotálamo (regulador central de las funciones viscerales autónomas y endocrinas; perdón a los galenos que me lean). Ves a Romeo y Julieta en todas sus formas, con matices que incrustan la actualidad para que te sientas adentro con ellos y sufras, llores, te culpes, la culpes, lo culpes, te enamores y detestes, pero en definitiva, seguís mirando a Romeo y a Julieta, sin tantos venenos (¿o sí?).

Ves biografías de artistas, personajes ilustres y famosos, guerreros, pacifistas, científicos, sabios, asesinos disfrazados de presidentes y políticos. Ves el holocausto, pero ves también que la vida es bella.

Ves todo lo que quieras, lo que elijas, lo que te gusta y lo que no, porque en algún momento, tal vez también te aburres. Y necesitas evadirte, divertirte, sentarte con el traste en un sillón o en la sala mágica de un cine.

A mí hoy se me ocurre recordarte, por las dudas, y porque para mí es un día especial y porque tengo los ovarios inflamados al tamaño de un plato de esos que sirven en el Hilton de Dubái (jamás he estado, pero imagino) que detrás de TODO lo que ves en Netflix (todo es todo), de cada pantalla que te muestra Hollywood, de cada alfombra roja, de cada premio bien merecido y de todas las luces, sonidos, magia y fruncidas en tu… corazón, detrás de todo eso que ves, estuvo, hubo, hay y habrá un ESCRITOR. Detrás de lo que ves existe un guión, que fue escrito para poder interpretarlo. Detrás de lo que ves estuvieron, están y estarán los guionistas, cuentistas, novelistas, poetas, locos que no imaginaron ver a sus personajes moviéndose en otros rostros, mientras vos apoyás tu trasero en el sofá de tu casa. Otros sí, y por eso escriben, para ver luego en una pantalla lo que han escrito (un guionista es lo mínimo que espera).

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Si algún día vas al Hilton de Dubái (cosa que hacemos a diario, vamos), recuerda el tamaño de este plato.

Te gusta o no te gusta; te sumás o descartás; te parece maravilloso o el peor bodrio que podrías haber elegido. Y cambiás de serie, de película; elegís. Te levantás de tu butaca en el cine porque no aguantás más, o te quedás hasta el final, arrepentido por haber pagado una entrada (si es que todavía te das el gusto y el lujo de ir al cine… Ojalá nunca jamás de los jamases se pierda la costumbre —opinión personal).  Tal vez salís recordando esa frase que te hizo temblar la médula espinal y luego la compartís en las redes, o la dejas para masticar en casa, porque hay «alguien» que algo te ha querido decir… (Ricardo Darín merece todo mi respeto y mis aplausos; sin él yo no recordaría, pero quienes me están hablando son Eduardo Sacheri y Juan José; los que me dejan pensando son ellos, aunque yo para siempre recuerde la cara de Ricardo. Y vos pensás en Harry y recordás, sufrís y amás a Daniel Jacob Radcliffe —con todo el mérito personal que bien lleva encima—, pero quien te ha hecho emocionar, sufrir, amar y pegar gritos fue J. K. Rowling, al tiempo que con su culo pegado a una silla pasa horas, horas y horas imaginando cómo hacerte sentir lo que ella misma siente al escribir. Vos no tenés la más pálida idea —ni lo sabrás, ni lo sabremos— si Harry es el hijo que perdió, si es un vecinito de su infancia, si es un ex novio, si es una mezcla de todos ellos más algo que leyó en otro libro cuando tenía quince años, o si es el director de su escuela primaria. Te juro, te lo prometo, te lo afirmo con toda la ignorancia que tengo encima, que diga lo que ella diga a la prensa y a sus seguidores, vos y yo jamás lo sabremos).

Que te guste o no te guste, que ames o detestes, que te resulte meloso, aburrido, patético o por el contrario te desangre en lágrimas, te enamore, te deje soñando con los personajes por largo tiempo está encadenadamente unido a tus emociones personales, al momento que estás viviendo al elegir, a tu educación, a tu cultura, a tus valores y creencias, a tu curiosidad, a tus gustos y preferencias. Y lo sano y positivo es que todos seamos diferentes y que tengamos múltiples opciones para elegir. Hay ciudades, pueblos, países en los que no pueden elegir (nada). Hay gente que no puede leer (nada). Hay gente que no tiene un televisor, mucho menos una pantalla electrónica en donde leer las estupideces que yo escribo, en principio porque no pudieron aprender a leer, luego porque aunque sepan, no les ha sido concedida la dignidad y el derecho de poder tener lo que deseen (nada).

Pero a vos que sí podes leerme (te doy mi más sentido pésame), que en este momento tenés tus ojos pegados a una pantalla —y seguramente tenés Netflix— y que también podes pagarte una entrada al cine o a un teatro, cada vez que tengas tu pantalla adelante recodá que atrás de lo que ves hubo alguien ESCRIBIENDO, sudando, arreglando, tachando, cambiando, modificando, volviendo a reescribir, eligiendo y puteando. Sí, también. Porque un «sí» o un «no» te cambian una trama, un argumento, un monólogo o un diálogo (como en la vida; un «sí» o un «no» definen tu destino), porque hay que ver si al machista le pongo ojotas rosas rococó rosadas… ¿es una ironía on purpose, o van a cerrar el libro, van a cambiar de canal o van a levantarse de la butaca? Hay que ver cuál es la justificación de una guerra (porque siempre la hay, aunque siempre sea la más absurda —siempre; ahí no tenemos alternativas, pero hay que hacértelo creer, ¿sabías?), y hay que mostrarte que el malo no es malo porque le encanta ser malo, no. Hitler no nació siendo el Hitler que conocemos, y de bebé era igualito a tu hijo y a mi sobrino, así de inocente, sano, tierno, sabio. Hay una historia, hay oscuridad, hay pasado, hay crímenes emocionales para que un inocente llegue a ser un Hitler y esté convencidísimo de que lo que hizo, hace o hará es un «bien para la humanidad». No es cuestión de escribir y dale que va: «que tus ojos al leer —o los actores— luego se encarguen».  Para que estés esperando Juego de Tronos y te comas las uñas y tengas que ponerte una alarma para que no se te pase ni un minuto del capítulo que te emociona, y detrás de toda la parafernalia y las maravillosas actuaciones, escenografías, paisajes elegidos, efectos especiales y tanto de abracadabra, hubo un George R. R. Martin que se sentó con el culo en la silla a imaginar, a sentir, a emocionarse, a putear, a sacar lo peor de sí mismo (¿cómo, si no, llegar al peor villano o asesino?), lo mejor de sí mismo (¿cómo, si no, hacer que sientas empatía y llores con el personaje?), a mirar a todas las mujeres que pasaron y pasan por su vida para darle forma en esa heroína que a vos te eriza la piel, a mirar a su gente cercana para unir en cada pedacito de un solo personaje eso que a vos te hace pegar un grito. Leyó. Leyó muchísimo, se nutrió de «novelitas pedorras» y de los grandes clásicos de la literatura para plasmar algo de todo lo que leyó, ahí en tu pantalla. Sí, de lo que algunos llaman «novelita pedorra» también. Y no te subestimo, sé que ya lo sabías, pero tengo necesidad de recordártelo, recordámelo, recordárselos. Porque es hora de que aceptemos que todos tenemos un poco de Hitler, un poco de villanos, un poco de santos, un poco de amargos, un poco de románticos, un poco de guerreros, de sabios, de pelotudos, de cobardes, de valientes, de pedorros, de putas, de machos heridos, de machistas anestesiados, de sumisas sin remedio. Y todos, absolutamente todos (aunque no te conozca), estamos librando alguna batalla. Son las mismas que ves ahí, en Netflix. Lo mismo que ves en un teatro, con artistas de lujo que te hacen sudar lo que llevás dentro. Detrás de lo que ves, estamos nosotros: los escritores.

Mi humilde y sincero respeto a todos los medios que hacen posible mostrar un cuarto de lo que otros hacen por detrás de las luces, en silencio y con muy poco reconocimiento; solo a algunos se los mira.

Mi respeto a todos los que sudan con el culo en su silla; a mí, que tengo el tamaño de una hormiga en un mundo inmenso, que seamos «buenos o no» me es indistinto en tanto y en cuanto nos demos el lujo del tiempo necesario para aprender, y luego de elegir. Me importa que lo estés haciendo, y que tu laburo/curro/trabajo sea respetado. Primero por los que dicen amarte, luego por el que se emociona o te putea al leerte.

FELIZ DÍA MUNDIAL DE LIBRO.

Feliz Sant Jordi en la Cataluña que amo.

Felicidad para todos los que hoy entregan un libro por una rosa y viceversa.

 Feliz escritura, feliz lectura, feliz magia en tu pantalla.

Sigamos eligiendo, que para eso estamos, los que aún podemos…

– Poli Impelli –

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No te adaptes…

Gracias.

Gracias por las visitas. Gracias por los comentarios. Gracias por la presencia. Gracias por las sonrisas. Gracias por no estar de acuerdo. Gracias por darme palmadas de aliento. Gracias por los abrazos. Gracias por mostrarme almas a través de una pantalla. Gracias por la presencia; no me importa si son 10 o 400; no cuento números, cuento almas. Me importa la calidad de lo que recibo. Me importa que me dejes devolver y darte un poco de lo que tengo para dar. Eso me engrandece —así, con tan poca altura que me dio la naturaleza—, me siento más grande sólo por todo lo que recibo. Recibo más de lo que imaginan, y de quienes menos lo he esperado. Amo sorprenderme con la Vida.

Pienso, siento igual que el año pasado, y seguro estaré pensando lo mismo el próximo. No voy a repetirme. Les dejo nuevamente mi Abrazo Infinito, y que sientan GRATITUD. Es la  manera más amorosa de valorar y amar lo que somos.

¡Gracias!

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