Abrazo Infinito


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Adelántate

Mantente presente.
El día, la hora, el momento en que menos lo esperes, todo (o al menos eso que tanto te preocupa) se acomodará. Y en ese momento te darás cuenta qué es lo que realmente vale para ti y qué no. Te importará mucho más lo que tú pienses de ti mismo que lo que tu entorno piensa de ti. Recordarás con una leve sonrisa el tiempo en que todo parecía perdido, cuando «todo era una gran desastre» y creías que no había salida ni remedio posible. Porque todo lo malo termina. Lo bueno, también. Por lo tanto, no te aferres a nada y vive más liviano, más suelto. Te vas a morir, de todos modos, y eso que te ha pasado tenía que suceder para que llegaras a ser la persona que eres hoy, y que puede comprobar con sus propias vivencias el hecho real y tangible de que todo pasa. Todo, si tú lo deseas.
Vas a sonreír. Sonreirás con gratitud. Adelántate a los hechos; aunque sea en soledad frente a un espejo: sonríe. 

-Poli Impelli-

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Dicha

El placer de ser inadecuada, de levantar mi voz sin miedo.

La paz de preferir ser feliz antes que tener razón, y ver tranquila desde afuera cómo se matan empuñando egos.

La dicha de no sentir vergüenza por hacerle honor a mis vicios y por comer sin cubiertos.

La sonrisa que cubre mi rostro por gemir hasta que te dan espasmos y te asustas, y te preguntas si aún estás vivo con esa cara de espanto.

El deleite de moverme sin ritmo, de vomitar palabras y lágrimas al mismo tiempo. La satisfacción de poder reírme a carcajadas en un velorio y de poder llorar en un orgasmo.

El regocijo de sentirme completa para no necesitar de otras mitades. El gusto de ser yo y de que me importe tan poco lo que pienses o digas.

El gozo de poder decir «NO» aunque luego tenga que pagar las consecuencias. El placer de haber querido tanto y tantas veces para darme cuenta de que en mi lista siempre voy primera.

La fortuna de poder decir: «yo pago esta vez» y no sentirme más ni menos por ello.

El deleite de no empeñarme en complacer convencionalismos ni tradiciones ni «comprar» lo que el resto ofrece.

La diversión de no ponerle límites a nada, de cagarme de risa de mis defectos y de mis miedos.

La bendición de poder cocinar en pelotas, rascarme el culo un domingo en la mañana sin ninguna responsabilidad ajena o propia sobre mis hombros, y de estar lista para mí misma cuando estés por aparecer de la nada.

La felicidad de poder pisar descalza esta tierra, de no tener que llevar tacos por haber nacido mujer ni andar incómoda en mi camino, y de poder expresar a gritos que yo sí sencilla antes que muerta.

La rara sensación bien entendida por ser esa mujer a la que tanto temen, pero que extrañan en silencios y llaman aunque pasen años, porque están agotados de tanto plástico y sumisión buena, bonita y barata.

El inmenso placer de ser la más puta o la más santa, la más prudente o la altitonante, la más agnóstica o la creyente, la más ilusa o la intuitiva, la más mujer y la más hombre al mismo tiempo, cuando soy solo yo decidiendo.

En fin. Una gran dicha que justo, justo a mí, me haya tocado ser tan YO.

– Poli Impelli –

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No hay FIN sin un GRACIAS

Después de tres años, en los cuales he sacrificado de mi tiempo y energía para con otros, creo que me merezco sentir gratitud. No solo por mi esfuerzo personal, sino por esos otros (la otredad de la que hablaba Cortázar, aquellos que no son yo ni caminan con mis zapatos), por los lugares y los momentos. Si el regalo son las manos que lo entregan, entonces, cada proyecto personal viene acompañado de esas manos que regalan, que han sido sostén, ánimo y aguante y seguirán siendo reflejo imborrable de lo que se esconde detrás de un proyecto literario.

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Si espero un libro para agradecer, pasará el tiempo y me iré vaciando de la gratitud que siento hoy mismo, cuando escribo la palabra FIN. Yo no tengo la vida comprada, sino que respiro cada día intentando disfrutar como si fuera el último. Para los agradecimientos no deberían existir esperas, aunque luego tengamos el tiempo necesario como para corregir mil veces esa última página; nunca se sabe.

Beatriz Gassull Forbes, por abrirme la cabeza y el corazón a fuerza de insistencia. «Hay historias que merecen ser contadas», me dijo hasta el cansancio. Y no me quedó más remedio que escucharla con apertura y hacerme cargo. Gracias por la cálida tortura.

A la India y su gente, que me permitieron revisar en pensamientos y emociones lo que ya tenía en mis manos y en papeles desordenados, pero que aún no estaba escrito. A Valeria, que me vio escribir cada mañana encerrada en una habitación pero observando Bombay con fascinación a través de ventanales que ella le prestó a mis ojos. Gracias.

A Barcelona, fuente inicial de inspiración que me dio plenitud y me regaló rincones en donde mis manos no daban abasto. Y con ella a mucha gente que aportó su cuota de optimismo; en especial, a mi primo Hernán, a Mariela y a Isabella, que me dieron lugar, paciencia, ánimo y respeto, y confiaron en que mis silencios y horas de escritura irían a parar a algún lugar, aunque no supieran dónde. La confianza en brindar apoyo y sostén más allá de las certezas no tiene precio ni devolución posible. A Eleonora Lanzillotta, que confió en mí para colaborar con su propio libro y proyecto en Crecer Criando (Crianza Inclusiva), y me animó a dar más pasos y a creer que lo que se quiere se logra. A Rodolfo Morales, que me brindó la posibilidad de un café cuando me faltaban lugares de lucha contra la desconfianza y las ganas de mandar todo a la mierda (literalmente). A Valeria Massei, por acompañarme a ser. A Alejandro Borgarello, que desde el día que me conoció por casualidad o causalidad no ha parado de preguntar y dar ánimo, cerca y a la distancia. A Damián, por darme un gran ejemplo con su historia de vida. Gracias.

A Peñíscola, por ser un paraíso en donde cualquier escritor desearía volcar palabras. Si no hubiera pasado por allí largo tiempo, no habría hoy manuscrito posible. En ella a Bettina, por ser la cálida voz uruguaya que siempre me dijo y me dice: «boluda, no veo la hora de leerte», y si lo que escribo resulta mediocre, ella me empuja hacia adelante para que cambie. Gracias.

A Mendoza, antes, durante y después. En ella a mi familia, para los cuales debo ser un marciano de Marte que no encaja en las reuniones, en los eventos, en la vida diaria. Mientras ellos desayunan, yo escribo. Mientras ellos preparan asados, yo escribo. Mientras ellos festejan cumpleaños, me dan el permiso tácito (y no les queda otra opción, pobres seres) de retirarme una hora a desaparecer por completo porque saben que para mí es un trabajo. Gracias.

A mis primas Mariana y Cocó, que me prestaron sus hogares para que yo me concentrara y pudiera avanzar en paz. No fui yo quien pidió asilo, sino ellas que me ofrecieron el espacio; yo a eso lo llamo reconocimiento: «te doy lo que te puedo ofrecer para colaborar con tu vida». A mis hermanos y a mis cuñadas, por haber hecho lo mismo. A Mariella, porque no deja de alentarme como si se le fuera la vida en ello.  Y a Milagros —que insiste en llamarse María Emilia—, por el mismo motivo. Gracias.

A mis incondicionales amigas desparramadas por el mundo pero con el mismo origen: mis «Mendoza no duerme». La cantidad de artículos, talleres, novedades literarias y confianza que me han sugerido en estos años la he atesorado y estrujado al máximo, con la gratitud que siento porque me dan palmadas y patadas en la espalda y en el traste para que diga lo que tengo que decir, caiga quien caiga. Las adoro por eso y tanto más. Gracias.

A Lorena y a Elira, que se han emocionado hasta las lágrimas desde que las conocí y hasta el día de la fecha,; me hacen sentir en la obligación de mejorar y hacer algo que valga la pena. Si no es por excelencia, al menos por el hecho de superarme a mí misma. Gracias.

A Claudia Lapira, porque confió siempre en un «sí» antes de que fuera realidad, antes de que yo misma supiera con consciencia lo que estaba por hacer, hace ya años. Gracias.

A Gustavo, a Daniel y a varios amigos hombres que me ayudaron con la parte masculina que necesitaba para crear un personaje complejo, aceptando responder a mis preguntas ridículas y hasta comprometidas, sonriendo con un «todo sea por vos». Qué sería yo —mujer— sin ustedes. Gracias. Al escritor Cristian Lagiglia, especialmente, por haberme regalado un libro que me cambió la manera de verme a mí misma y de resolver el desorden de mi creatividad que no tenía un destino ni clara consciencia. Por su confianza extrema en mis letras y su asesoría gratuita a cambio de cervezas y risas. Gracias.

A Neuquén. En ella a Karina, por su confianza trece años atrás, cuando me leía y me empujaba a que hiciera algo con eso que ella leía. A Valeria Fernández, que cuando éramos adolescentes me decía: «vos deberías escribir»; creo que me reí a carcajadas (ella nunca supo que yo ya escribía). Escuchar a los amigos cuando hablan o cuando callan es de sabios, pero yo lo aprendí solo con el tiempo y la experiencia. A Carina Hernando, que se ríe a la par de mis locuras y confía no solo en quien he aprendido a ser, sino en quien puedo llegar a convertirme. Con ellas, a todo un grupo de amigas y amigos que me impulsan a ser mejor, mandándome material en privado para que descubra, lea, aprenda y me supere. A los bellos escritores con quienes compartí la labor de escribir, corregir y editar un libro de cuentos, relatos y poemas de muchos escritores neuquinos y «extranjeros» que eligieron la Patagonia Argentina como casa e inspiración. Mi agradecimiento hacia ellos es infinito, por la confianza, por el apoyo, por el respeto a las letras y también a los intentos fallidos. A Priscilla por ser quien es, y encima, enseñarme los secretos que ella como escritora desparrama con humildad y sabiduría. A Mariale, porque de ella robé los nombres de los personajes principales sin que se enterara a tiempo. Yo vivía en Barcelona, ella en Neuquén; cuando supo, pegó un grito de alegría. Ellos también te agradecen haberse materializado.  Te debemos una, dos y mil, querida Mery. A Verónica Moni Argento, que me prestó una habitación, una computadora, una perra compañera y un rincón de su mesa para que yo tecleara hasta el cansancio o se me adormeciera la mano derecha con tal de avanzar y sacarle jugo al tiempo. El valor del tiempo… creo que las dos lo entendimos de la misma forma. Me ayudó en todo el proceso esos meses, aguantando mis horarios marcianos y mis silencios infinitos. Y a mucha gente que no menciono aquí pero que estuvo detrás un año entero, preguntando, ofreciendo, escuchando. Gracias.

A Santiago de Chile, por esos rincones hermosos que me acercaron al final. Yo soy bicho de ciudad, y a las ciudades las exprimo y de cada rincón me llevo algo que pasa a ser mío. Cuando escribo, queda en mí el recuerdo de las imágenes que me rodearon en cada párrafo. En Santiago, a Claudia y a Eduardo, que también me cedieron su espacio para que yo estuviera horas dándole forma a capítulos nuevos, tachando y elaborando sueños. No fue solo el espacio; fue un zamarrón que para suerte mía llegó sin terremotos, pero que interiormente me sacudió el corazón para llegar a un final con decisión y compromiso. Gracias. A María Pitufina, que me regaló el último cuaderno que utilicé para terminar un manuscrito. Gracias.

A Verónica Viglierchio, Valeria Arias, Natalia Lodi, Virginia Riccio y Luis Escudero, por haber sido fuente de luz, de claridad, de alas en mi camino. Influyeron de forma positiva y amorosa en cada paso que di entre papeles. Sin este tipo de gente, también se pueden escribir muchísimas cosas, pero con ellos detrás no existen los bloqueos ni las hojas en blanco. Ellos me ayudaron a mirarME, y ese es uno de los regalos más hermosos que puedo recibir como ser humano y como escritora. Gracias.

A Gastón, por guardarme un primer borrador en silencio, en un lugar secreto y con confianza. Y por mostrarme un lado de la vida que me permitió entenderme mejor y construir caminos nuevos que no imaginaba para mi vida. Gracias.

A Mariana Laura, porque cuatro días antes de que ella naciera yo ya la conocía, y me buscó para dictarme diálogos y me empujó a ser quien soy entre recreos y distancias; no pasa un solo día en que ella no «controle» si estoy siendo quien estoy destinada a ser, y me encargo de devolver lo mismo. Es un compromiso, y en ese compromiso hay amor. Para escribir con total libertad y sinceridad se necesita mucho amor. Gracias.

A Hugo y a Beba (mis padres). Primero, por darme esta vida y educación, y luego por permitirme rayar papeles cuando apenas pude ponerme en pie; por darme la libertad de escribir en las pinturas y empapelados de mi habitación apenas pedí permiso. Adolescente y sin consciencia, necesitaba mirar lo que escribía. Qué mejor que despertar con frases, poemas y delirios propios inundando mi espacio más íntimo, el lugar donde la vida ya me parecía feliz porque yo sí podía escribir en grande y con colores sobre mis paredes. Gracias.

Nobleza obliga: a todos los profesores que puteé y admiré en la Facultad de Filosofía y Letras. Siento, desde el fondo de mi alma y como nunca antes, que puedo decirles GRACIAS en mayúsculas, por haberme obligado a destripar mi cerebro y corazón para que leyera, analizara y me pasara noches en vela intentando descifrar a los grandes, a los «monstruos» de la literatura que en ese entonces no entendía; de ellos sigo aprendiendo. Gracias.

Dicho lo dicho, me retiro a descansar, porque ellos también me piden un descanso. Están tan agotados como yo, porque han sufrido lo suyo, han reído, han tropezado y han aprendido a la par mía que de las historias propias y ajenas se rescata lo mejor y lo peor para darle un sentido a la vida. Y aunque los leyera solo mi madre, ya habrá valido mi esfuerzo su existencia. Mi mayor agradecimiento a las personas que me sirvieron de inspiración constante, sin darse cuenta y sin saberlo, para que yo imaginara y creara sin descanso. Gracias.

Y a ustedes/vosotros, por estar ahí detrás y permitirme leer lo que hacen, y sonreír, reír a carcajadas o emocionarme con palabras ajenas, muchas de ellas, mejores que las mías. De todos aprendo. Gracias.

La palabra «fin» NO es el fin de una historia real, pero se asemeja a muchas historias reales que conozco; cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. 😉

Infinitas gracias a todos.

– Poli Impelli –

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Repitiéndome

Con el paso del tiempo no solo las arrugas reflejan el caminar de un calendario, sino este tema de repetirse y repetirse. No tengo Alzheimer —todavía—, creo que es solo una cuestión de actitud, como dice Fito. Me repito de nuevo, año tras año, porque sigo sintiendo y pensando lo mismo, acrecentado por la terquedad propia de la edad. Así somos «los viejos».

Me encantan los lunes, cuando mi cuerpo se pone en marcha esperado una semana más de incertidumbre.
Me encanta la gente con buena onda, con buena vibra, que fluyen con la vida y que cuando caen putean con ganas, sabiéndose humanos por lo que les pasa, con la humildad de los «Grandes».
Me encantan los hacedores, constructores, manufactureros, valientes, arquitectos de sus vidas, que no fabrican para testear si se caen las estructuras sino que aseguran firmemente los cimientos para forjar algo sólido, duradero, bello, en cualquier plano de sus vidas, sea como sea que elijan.
Me encantan las personas que intentan una sonrisa cuando saben que el clima está gris y adentro hay tormentas.
Me encanta la gente que invierte su tiempo con creatividad y con algo de desatino.
Me gusta la gente loca, que se permite desobedecer sus propios mandatos para rebelarse contra sí misma.
Me encanta la gente que tiene algo para decir, y lo dice en voz alta, sin espionajes ni mensajes ocultos, pero con respeto por quienes leen y escuchan.
Me encanta la diversidad. Si no fuera por ello… ¡qué aburrido sería este mundo!
Me fascina la admiración que me provoca observar los talentos ajenos, distintos a los míos, y que me muestren con su arte todo lo que yo no puedo ni podría hacer, simplemente porque conozco mis limitaciones. Y por supuesto, me encanta compartir los míos.
Me encanta tener mucha de esta gente en mi mundo y sentirme tan agradecida por ellos. Les sigo deseando mil sonrisas, unos cuántos tropiezos más (no vaya a ser que perdamos la costumbre), y que sigan en rebelión constante cuestionándose a sí mismos.
¡Ah! Me encantan mis livianos desayunos y me siento agradecida, porque hay un número incontable de gente en este mundo que no pueden siquiera darse el lujo.
Seguramente, siempre haya mucho que te haga vibrar, que te aleje de los miedos, y por lo cual sentirte agradecido/a.
Que te llegue el doble de lo que das. Observa muy bien lo que das; puede que ahí esté «tu suerte».

Feliz día para todos. 

– Poli Impelli –


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¿De qué hablas cuando hablas?

Son divertidas las conversaciones banales y simples, en donde cruzas risas, te pones al día y te relajas sin compromiso.
Pero si hay algo que me eriza la piel y el intelecto son aquellas en donde podemos mirarnos y hablar de la muerte, de la vida en otros planetas, de las mentiras que hemos dicho, de lo que no sabemos (porque no sabemos nada), de lo que has descubierto, de lo que he callado, de la vida en Júpiter o en Plutón, del sexo en todas sus formas y colores, de mi niñez y tu adolescencia, de mis defectos y los tuyos, del significado de las coincidencias, de la magia, de los proyectos personales, de lo que has tenido que perder para ser feliz, de lo que yo encuentro cuando te miro, de lo que extrañas cuando apoyas tu cabeza en la almohada, de lo que yo no extraño jamás.
Me quedaría horas contigo, días, meses y años a tu lado porque el mayor gusto es mío, de saber que no te asustas ni te espantas ni te alejas; no te sobresaltas por cuestionarme y cuestionarte la Vida.
Amo a la gente capaz de abrir el tiempo —su tiempo— para mezclar la vida con la muerte traspasando las palabras.

– Poli Impelli –

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Irónicamente feliz

Loca. LIBRE. Terca.

Diferente. Rebelde. Amorosa.

Altruista. Contradictoria. Optimista.

Enferma. Sana. Amistosa.

Divertida. Obstinada. Silenciosa.

Egoísta. Miedosa. Valiente.

Selectiva. Despistada. Observadora.

Resolutiva. Atolondrada. Ansiosa.

Reflexiva. Pasional. Irreverente.

Asquerosamente positiva.
Excesivamente acuariana.
Irónicamente feliz.

 

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Año viejo, año nuevo.

Este año ha sido extraordinario, aunque para mí ningún año deja de serlo. No puedo ser la misma después de todo lo bueno y lo malo; tiene que haber un cambio, tiene que haber otro camino…

Estuve viviendo en la ciudad donde nací y crecí, después de años de no haberla pisado. Pude tocar los árboles que planté con mis padres cuando tenía 7 años, pude recordar algunas cosas que ya tenía muy olvidadas, pude abrazar a gente que no veía hace siglos y que me aman. Pude conocer a otros tantos que ya son parte de mi vida y no tenía idea que existían. Ellos han engrandecido mi camino y mi paso por mi tierra. Pude comprobar que quien no quiere no cambia, no da un paso ni se espanta. Y que el que tiene huevos y ovarios ha llegado incluso más lejos de lo que yo he llegado con una mochila al hombro y un mapa.  Pude restaurar relaciones perdidas y olvidadas, de esas que son regalo y caricia al alma. Y pude decir basta a aquellas otras que no me aportaban nada. Pude recordar aquella esquina en donde mi mamá me trajo al mundo, sentarme un rato y venerarla. Pude tomar agua del río que me vio crecer, porque hierba mala no muere y no intoxico mi garganta.

Pude reír a carcajadas luego de llorar más despedidas. Descubrí otros cielos rojos, y confirmar que no en todos los lugares la tierra tiembla.

Este año estuve en cinco trabajos diferentes, dos de ellos duran hoy en día. Recibí tanto que supongo ha sido devolución de algo que habré dado en otros tiempos o en otra vida.

Este año murieron tres personas muy queridas. Este año mi papá encontró su cáncer y le da tregua para ver cuánto más le queda de vida. Este año me di cuenta que me extraño, que pasa el tiempo y que no soy de ningún sitio, y que en mi corazón tengo mucho más de lo que imagino. Me echo de menos y me alegro en el reencuentro.

Este año pude decir basta al maltrato y a la violencia pasiva disfrazada de caricias. Este año conocí la fortaleza que antes no tenía. Este año lloré por todos los que antes no había llorado. Junté agua y la enterré para que otro riegue alguna planta, y así mis lágrimas habrán valido la pena.

Este año viví en dos ciudades totalmente diferentes. En mi trabajo aprendí sobre las etnias y las guerras civiles en África, comprendí la labor de gente multimillonaria que se dedica a salvar vidas en las costas de Malta, y que hacen más que los gobiernos de turno por recibir y salvar vidas. Este año me animé a soltar definitivamente todo lo que le hacía daño a mi maestra, una enfermedad que es bien puta y no se va, ni con los años ni con médicos ni con paciencia. Entendí se me había unido como una garrapata a mis heridas de guerra, me la fui quitando de encima como “por arte de magia” aunque siga en mi consciencia; ya cada vez va doliendo menos y sé cómo defenderla. Ahora la quiero y somos una, ahora es parte de mi cuerpo y de mi alma.

Este año conquisté muchas voces nuevas. Me dejaron los momentos imborrables que no detienen ni la memoria ni el tiempo. Este año trabajé para escritores traduciendo, este año me enseñaron otros tantos lo que yo no sabía y ahora entiendo.

Este año me mudé tres veces, y entre las tres hubo gente que me dio mil manos, no cargando peso sino con ánimo y estando a mi lado. Este año fui mamá mil veces, este año fui hija otras tantas, fui más hermana que antes y más tía que el año pasado. Este año me tocó ser prima al por mayor y fue un placer descubrirme, porque crecí con ellos tan lejos, que ahora la vida me guiñó un ojo y me devolvió un poco de todo lo perdido en su momento. Este año perdí a un gran amigo y lloré días y días sin consuelo. Luego entendí que no había sido mi elección perderlo y así fui cerrando el duelo. Este año mi hermana de la vida casi pasa para el otro lado y sentí mucho miedo. Se me cerró el estómago, me temblaron las piernas y creo que mi corazón dejó de latir unos segundos hasta que comprendí que era posible, que puede suceder en cualquier momento. Después de las otras pérdidas, agradezco a la vida que me la haya devuelvo un rato, no sé por cuánto pero espero que sea por mucho tiempo.

Este año el cáncer y otras pestes arrasaron con gente que amo; fue un aprendizaje inmenso que me hayan permitido acompañarlos.

Este año perdí una muela, cuatro kilos y un poco más de pelo. Este año recuperé tres kilos de los cuatro que había perdido en poco tiempo. Este año me siento un poco más orgullosa de mis hermanos, aunque siempre lo hubiera estado, han hecho lo que han podido y cada vez les sale a cuenta cada sacrificio y cada adelanto.

Este año me han besado con tanta pasión que me han dado letra, me han cosido heridas viejas y me han recordado que así como soy, para la gente sana valgo la pena. Este año mi boca encontró lugares de miel y gloria, agradecida a la vida por tanto amor, tanta pasión, risas y sorpresas que no se pierden, no se olvidan, no se mueren.

Este año la luna se vio gigante y cerquita, y me sentí agradecida por la posibilidad y por mi vista. Este año murieron muchos grandes artistas; ellos quedan en mi memoria, en sus poemas, en su música, en su actuación, en sus escritos y en mi historia de vida.

Este año se firmaron acuerdos, se sellaron documentos, se llenaron los bolsillos más gobiernos, se cambiaron pautas y gobernantes, se declararon guerras y otras se abolieron. Este año el mundo estalló en rabia, aumentando los terremotos, inundaciones, pestes, hambre, huidas y malaria. Este año ha sido un remezón para quienes creen en el karma, este año ha sido dolor, mucho dolor, para quienes luchan por sobrevivir en la desigualdad y el desequilibrio que otros consumen en el Black Friday.

Este año se han desarrollado más investigaciones científicas, se han sumado esperados adelantos en medicina, en tecnología y en la sabiduría de la ciencia.

Este año contabilicé 42 atentados terroristas en el mundo, de los cuales conocemos unos pocos, según conveniencia de lo que se nos quiere contar o no, de lo que nos llega o de lo que se nos priva. Este año no alcancé a contar la cantidad de abusos, violaciones y llantos silenciosos, no porque no sea capaz, sino porque han sido incontables.

Este año hubo accidentes aéreos, terrestres y marítimos que a algunos nos estrujaron el corazón, pero llegó la solidaridad desmedida de quienes están atentos a lo que sucede más allá de su metro cuadrado de existencia.

Este año hubo avances, hubo premios, hubo celebraciones y hubo alegrías y festejos. El mundo es un eclipse constante, es un juego de equilibrio y desenredos paralelos.

Este año las mujeres han alzado su voz contra la violencia, este año se han animado a hablar aquellas que estaban calladas por el miedo, la cobardía y el temor de no saber qué habría detrás de sus intentos. Este año han muerto miles de mujeres maltratadas. Este año ha muerto el doble de niños en Burundi, en Siria y en Ruanda. Este año han muerto hombres que en trajes de bomberos, policías y voluntarios consumen pasión, tiempo y energía en salvar otras vidas.

Este año se han ganado copas, medallas, campeonatos y entrevistas, pero se han perdido en la misma proporción, depende en qué lado te pares y fijes la vista.

Este año hay casi 400 personas más que me leen, o al menos pululan en mi espacio de vez en cuando. No les conozco ni la cara ni los nombres a todos, pero no sé de qué forma agradecerles tanto.

Este año no sería capaz de sacar cuentas de las palabras que llevo escritas. Este año una novela me dio giros, contratiempos, algunas (varias) lágrimas y millones de risas. Este año mis personajes están rebeldes, ya no lucho contra la corriente. Ya aprendí que ellos tienen vida, que respiran, que aman y que crecen.

Este año me sentí sola, aunque estuviera rodeada de gente. Este año me sentí amada y contenida, aunque estuviera sola en una plaza mirando una fuente.

Este año pasó de todo un poco para cada uno que me lee. Este año no fue en vano, sea como sea que haya sido tu suerte.

Este año logré mi objetivo: no pasar ni un solo día sin reír a carcajadas, buscando yo sola el motivo. Me siento emocionada, ¡lo he logrado!, incluso ante el soberbio dolor, tristes noticias y pesares que no eran míos. Era el objetivo más difícil que podría haberme concedido: era un deseo, era un esfuerzo, era un gran desafío.  Fue tan simple como escribir: lo que parece temible se vuelve rutina, y de la rutina se pasa al hábito; del hábito a la inconsciencia de repetirlo y ni por asomo olvidar que lo que se quiere se puede, que lo que se nutre y se alimenta crece, que lo que incluyes de bueno disminuye aquello que acelera tu pulso en vano y te envenena.

Este año también ha sido un puto año de mierda, un año lleno de todo lo bueno y toda la porquería que el mundo derrama sin gloria y sin pena. Este año ha sido un año maravilloso para quienes tienen consciencia, se han descubierto a sí mismos viviendo la vida en vez de andar por las calles dando y dándole a la pena.

Me parece que nunca he querido vivir una vida ordinaria (sin el “extra” por delante). Este año confirmé que sorprenderme me parece un privilegio; este año no me ha faltado el asombro ni la sorpresa constante, por lo bueno y por lo malo que el mundo me muestra.

Ojalá que este año sea tan puto y tan maravilloso como el 2016 que despacito se aleja. Ojalá te caigan mil lluvias para que bailes empapado y un rayo te parta de amor, encuentres lo que ames y mates por él y por ella.

Ojalá que el próximo sol te ilumine la vida de estrellas, que el cielo se vista de fiesta cuando sonrías, que el suelo te envuelva en tiritas cuando caigas en pena. Ojalá que te llegue mi amor, estés donde estés; ojalá que me ayudes y te pueda devolver lo que das… ojalá que yo pueda darte para que no me devuelvas.

Feliz año nuevo de vida. Que te pille cantando, riendo, bailando, perdonando, follando y ¡salud! Estés donde estés, ya estamos brindando.

– Poli Impelli –

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