Abrazo Infinito


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Repitiéndome

Con el paso del tiempo no solo las arrugas reflejan el caminar de un calendario, sino este tema de repetirse y repetirse. No tengo Alzheimer —todavía—, creo que es solo una cuestión de actitud, como dice Fito. Me repito de nuevo, año tras año, porque sigo sintiendo y pensando lo mismo, acrecentado por la terquedad propia de la edad. Así somos «los viejos».

Me encantan los lunes, cuando mi cuerpo se pone en marcha esperado una semana más de incertidumbre.
Me encanta la gente con buena onda, con buena vibra, que fluyen con la vida y que cuando caen putean con ganas, sabiéndose humanos por lo que les pasa, con la humildad de los «Grandes».
Me encantan los hacedores, constructores, manufactureros, valientes, arquitectos de sus vidas, que no fabrican para testear si se caen las estructuras sino que aseguran firmemente los cimientos para forjar algo sólido, duradero, bello, en cualquier plano de sus vidas, sea como sea que elijan.
Me encantan las personas que intentan una sonrisa cuando saben que el clima está gris y adentro hay tormentas.
Me encanta la gente que invierte su tiempo con creatividad y con algo de desatino.
Me gusta la gente loca, que se permite desobedecer sus propios mandatos para rebelarse contra sí misma.
Me encanta la gente que tiene algo para decir, y lo dice en voz alta, sin espionajes ni mensajes ocultos, pero con respeto por quienes leen y escuchan.
Me encanta la diversidad. Si no fuera por ello… ¡qué aburrido sería este mundo!
Me fascina la admiración que me provoca observar los talentos ajenos, distintos a los míos, y que me muestren con su arte todo lo que yo no puedo ni podría hacer, simplemente porque conozco mis limitaciones. Y por supuesto, me encanta compartir los míos.
Me encanta tener mucha de esta gente en mi mundo y sentirme tan agradecida por ellos. Les sigo deseando mil sonrisas, unos cuántos tropiezos más (no vaya a ser que perdamos la costumbre), y que sigan en rebelión constante cuestionándose a sí mismos.
¡Ah! Me encantan mis livianos desayunos y me siento agradecida, porque hay un número incontable de gente en este mundo que no pueden siquiera darse el lujo.
Seguramente, siempre haya mucho que te haga vibrar, que te aleje de los miedos, y por lo cual sentirte agradecido/a.
Que te llegue el doble de lo que das. Observa muy bien lo que das; puede que ahí esté «tu suerte».

Feliz día para todos. 

– Poli Impelli –


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Te molesto

Te molesto. Te molesto porque río cuando lloras y porque lloro cuando ríes. Te molesto porque puedo galopar tu mundo y el mío sin maquillaje, entrar descalza en una fiesta donde danzan los tacos y los brillos; te molesto porque yo sin brillo estoy brillando demasiado.

Te molesto. Te molestan mis silencios y que yo hable cuando los demás callan. Te molesta que yo diga y grite lo que el resto no se anima u omite. Te molestan mis aviones, mi equipaje, mis caminos y mis metros. Te molesta que sea fiel; a vos, a mis ideas y a mis sentimientos. Te molesta que no te dé lo que no tengo para darte y que no recibas lo que sí tengo y no te doy. Te molesta que no te necesite para comer, para dar vida y para vivir y morir en mil intentos. Te molesta que yo sea yo y no sienta culpa por ello; y te molesta recordar quién he sido, quién soy hoy y quién seré.

Te molesto. Te molesta mi locura, mi soledad y mi compañía, porque no hay molestia más grande que no encontrar lugar para tener cabida. Te molesta mi valentía, mi osadía y mi calma repentina. Te molesta que me asuma diferente y que sea libre, que lo sienta y que lo intente.

Te molesto. Te molesta que me distraiga demasiado de la pena sin alivio, y que no me distraiga tanto de lo que vale la pena y lo que amo. Te molesto porque yo amo con honestidad y con locura, y te molesta que yo no necesite lo que otras piden, porque te quedas vacío de entregas y no encuentras cómo retenerme. Te molesta que te quiera y quererme tanto, y te molesta que ningún tonto me pesque desprevenida para ofrecerme amarras a su cama y a su encanto.

Te molesto. Te molesta que no responda a lo que quieres escuchar porque tu costumbre es esa. Te molesta que sin cirugías, sin altura ni sumisión le pegue un soplo de goce a la vida. Te molesta que el calendario me guiñe un ojo y yo me le cague de risa. Te molesta que sea feliz, pero te molesta también que sufra lo que vos ya has sufrido.

Te molesto. Te molesta mi impertinencia de ver lo que tus ojos ciegan, y te molesta tu ceguera y los bastones rotos de quienes te rodean. Te molesta mi intrepidez de no querer y mi cobardía cuando me caigo, te molesta ofrecer tus alas cuando ambos sabemos que andas rengueando. Te molesta que me moleste tu presencia y te molesta que cada ausencia nos desgarre por dentro. Te molesta que reconozca una historia y le ponga palabras; te molesta tu negación y que yo la encuentre escondida en miedos detrás de tu espalda.

Te molesto. Te molesta mi otoño, mi verano, mi primavera y mi cálido invierno, porque a mí me abrigan las noches y me desnudan de día, mientras a vos te joden los mosquitos y también las tibias compañías.

Te molesto. Te molesto porque me conoces demasiado y lo que conoces te molesta. Te molesto porque te conozco como nadie y no me hago cargo ni lo expongo ni lo digo.

Te molesto. Te molesto tanto que ya me acostumbré a tu dulce molestia, y no me molesta que hoy me moleste tanto que resucites de a ratos… mientras yo brindo por ser quien soy, alzar mi voz, quedar sin vos y sin tu molestia en esta vida.

-Poli Impelli-