De tu lado

Doy un salto y me acomodo a tu lado.

Si yo no saltaba, ¿cómo ibas a poder darme, abrazarme y amarme?

Vuelvo a estar de tu lado, como tantas otras veces, pero entrelazando mis dedos a tu luz.

Pierdo la cuenta de la cantidad de veces que quisiste ayudarme, ser y estar conmigo.

Pierdo la cuenta de la cantidad de mareas en las que te susurré que me esperaras, que me estaba metiendo donde no debía, que me hice la ciega, sordomuda, bien torpe, traste y testaruda, cual Shakira en los ´90, pero sin cantar en voz alta, solamente para ir por mi cuenta.

Me lo murmuraste más de mil veces. Pierdo la cuenta.

Me lo pusiste bien difícil, me quitaste posibilidades, oportunidades y personas para gritarme que ahí no era.

Pero vos hablás bien bajito, no levantás la voz. No conmigo, porque yo tampoco lo hago con vos. Ni en público ni cuando nadie me ve. Entonces, me respetás y me seguís mimando, porque sabés que no te quito los ojos de encima.

Sabés que te escucho aunque finja estar sorda. Sabés que amo lo que has creado para mí y lo que me das. Sabés que toco con consciencia, que huelo hasta los aromas más indefinidos, aunque me esté equivocando de camino. Y sabés que siento tu susurro.

Cuando me das un empujón, te guiño un ojo.

Permitime un error más, grito en silencio. Tus ojos en blanco y tus palmas al aire me recuerdan a mi Viejo cuando se rendía. Me río con la memoria, pero sé que ahí también estabas.

¿No te agotás? ¿No te cansás jamás?

¿No te parece que ya me amaste demasiado y yo abusé de tu paciencia? A mí me lo hicieron más de una vez… Aplasta el alma y le da un patadón a la autoestima. Aunque supongo que ahí también estabas.

Sonrío.

Tu amor es demasiado inmenso como para que una tonta como yo termine de aceptarlo así como por arte de magia. Me tenías que enfrentar un poco más con el miedo y las mentiras como para que me diera cuenta y volviera a ser Yo, ¿verdad?

Sos el único juego que a mí no me cansa, no me agobia ni me quita espacio ni tiempo. Sos todo lo que está bien, mientras yo, como decía Facundo Cabral, me distraigo.

Sos la mejor energía.

Ya sé cómo pedirte perdón, aunque no lo necesites. Vos no te estás fijando en estas nimiedades del ego. Vos apretás el hombro y después me aceptás como soy.

Me miro en el espejo y te veo. Es el lugar en donde más te encuentro. Somos alma transparente, somos mente funcionando en un sistema impecable con memoria que nos facilita el andar de la vida. Somos belleza y armonía. Somos sanos.

Ya sé cómo lo haré, aunque no lo necesites.

Y te juro, por la vida de todos los niños que amo y son reflejo de conciencia pura, que esta vez no te suelto. Mi salto es de afuera hacia vos, porque ya estoy más cerca de la tumba que de la cuna. Se me hace tarde.

Gracias por meterme el ego en el traste y desnudarme el Alma. No puede haber acto de amor más grande. A vos sí te debo con un gran propósito todo lo que veo en un espejo. Vos sí lo ves. Vos sí me ves.

Allá voy… ya llego, ya estoy.

Te sostengo con fuerza amorosa, mi corazón late a mil revoluciones por minuto. ¿Esto es normal? ¿Está bien sentirse así?

Allá voy.

Gracias. Gracias. Gracias.

Poli Impelli

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