Ojo con lo que me pidas…

«Me costó mucho llegar a este punto, porque me eduqué con la idea de que había algo que se suponía debía hacer, y que si no lo hacía, Dios o mis padres no estarían contentos conmigo. Cuando comprendí que realmente mi meta primordial era sentir y experimentar dicha, empecé a hacer sólo aquellas cosas que me aportaban felicidad. Yo tengo una norma: ¡Si no es divertido no lo hago!» – Jack Canfield –

  Coincidiendo con Mr. Canfield, creo que todos comenzamos nuestro andar esperando agradar a los demás, empezando por nuestros padres desde que nacemos, a “Dios” y/o a cualquier amor de quien necesitemos aprobación y confianza. Y esto es lo que nos encadena, lo que no nos permite evolucionar para ser quienes realmente somos.
Mi opinión es que existe un solo motivo para haber nacido (no todos llegan a nacer): SER FELICES. Y la felicidad no tiene que ver con la alegría o la tristeza. Ellas son parte del movimiento cíclico de la vida. La tristeza trae lágrimas que sanan, y las alegrías risas que animan. La felicidad es eso que vibra por debajo, constante y sin pausa, y que deviene de la gratitud ante cualquier situación de alegría o tristeza.
Yo también tengo una norma que pruebo y compruebo a rajatabla. Doy treguas, me doy mi tiempo y vuelvo a usarla. No necesito tenerla escrita en ninguna “constitución” ni cuaderno de bolsillo, sino que trato con mi mejor esfuerzo de cumplirla. Intento -¡intento! – que mi sentir, pensar, decir y hacer estén de acuerdo. Y cuando me equivoco vuelvo a empezar. ¿Cuál de los cuatro verbos se perdió en el camino? ¿Cuál no quiere hacerle caso a los demás? La norma es simple, y coincide plenamente con el júbilo interno de felicidad, aunque haya que vestirse por fuera con tristeza: Si no me da felicidad, lo dejo de lado (situaciones, relaciones, trabajos, eventos, experiencias, etc.); si no se me permite dar lo que tengo para dar, tampoco me engrandece. Si tengo que renunciar a ser quien verdaderamente soy por agradar, no me dignifica ni me enriquece. Si lo que voy a hacer no coincide con lo que pienso y siento, lo dejo de lado. Si no hay amor, no sirve (en un trabajo, también). “Ama lo que haces, y estarás benditamente condenado al éxito”, decía Facundo Cabral. Cuando un no, gracias puede ser tan fuerte y duradero como un sí, de acuerdo, hay equilibrio. El debe y el haber, la culpa y los castigos no están incluidos en el combo de la felicidad. Por el contrario, anulan las posibilidades de elección libre y consecuente. Y en esta norma de vida ganan por goleada las pérdidas.
Que no te maltrate la Vida… que tengas valentía para decir “gracias” ante las pérdidas porque entonces estarás ganando felicidad. Somos lo que pensamos. Piensa en negro, y verás que la vida responde en negro. Piensa en gris, y vivirás a medias. Utiliza el arco iris que tiene mil colores, y de los más diversos y ricos para pintar cada situación y vivencia que acaricia o golpea con fuerza. Llama a la tristeza y ella vendrá, una y otra vez, porque es tan noble y obediente como la alegría. Llama a la alegría y al júbilo con confianza en ti mismo y en lo que amas, y será lo que recibas.

Ojo con lo que me pidas.

Atentamente,

el Universo.

– Poli Impelli –

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5 comentarios en “Ojo con lo que me pidas…

  1. Pingback: ¡Feliz 2016! | Abrazo Infinito

    • Gracias Alfre… Viajando por lugares que ambos “conocemos” (aunque no sean los mismos), el oasis es verse en un espejo con lo que uno va sintiendo. Que sigas fortaleciendo el corazón. Besos miles también. ¡Gracias!

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