Abrazo Infinito

Todavía sueño

58 comentarios

Me llamo Nayan y tengo 28 años. Soy lo que quedó, vivo donde me dejan. Mi infancia, en aquel país donde nací y donde mi niñez olía a pólvora, invade a diario el presente, que me busca desde el pasado. Todavía me acuesto en las noches acurrucado en mi mujer. Aún sueño; sueño con cielos rojos de fuego, con ruidos ensordecedores y voces pidiendo auxilio. Aún veo los ojos quemados, los cuerpos mutilados y los rostros de todos aquellos pequeños amigos que alguna vez tuve en mi pueblo. Me dijeron que quedaron pocos; más bien me enteré con los años, porque en las guerras que los poderosos libran, hay detrás un velo negro que se encarga de tapar las heridas que no vemos.

Fueron tres disparos que sonaron a portazos. No es que con seis años no supiera lo que eran, mas me dormía cada noche creyendo con fervor que eran puertas que se abrían y cerraban. Mamá tenía la costumbre de gritar: «¡una puerta, una puerta!», para no mencionar la palabra real que avisaba una tragedia. Así vivíamos, así se fueron… ellos.

Con un ojo seguí mirando, pues el otro quedó enterrado. Solo miro de frente y a ratos para un lado; y aunque me niego, me han dicho que es bueno recordar lo que sí tuve: una madre que se aferró a mi hermano menor hasta en el último suspiro, y un padre que corrió por ellos, pero al llegar no pudo dejarles solos y con ellos se marchó por siempre.

Trajes verdes, azules, blancos y rojos; ese es mi recuerdo. Bomberos, voluntarios, enfermeros, médicos, amigos. A ellos les pedíamos algo en súplicas, entre escombros y sonidos, entre gritos y gemidos, sobre la línea delgada que separa la vida y la muerte. Hoy miro y escucho todo desde lejos, pero sé que sigo estando ahí; yo sigo gritando adentro, gimiendo y pidiendo en algún lugar escondido de mi corazón que me liberen. Todavía sueño… sueño que los que vengan tras de mí, a ocupar las tierras baldías que dejamos, no tengan que ser rescatados o enterrados o dejados a su suerte… Es destino o suerte estar en el primer grupo; o quizás una lacra, quién sabe…

Sanar, yo sé bien que sanar es otra cosa; es algo que voy aprendiendo con los años, a lo  lejos desde cerca. Cerca porque no olvido de donde vengo, y lejos porque mi pueblo arrasado en escombros tiene otro nombre, abriga a otras gentes, pero la misma lucha late constante en su tierra, por no saber a quién pertenece.

Sueño. Sueño que viven en mí los que se fueron, sueño que aquellos que desde afuera encienden y apagan vidas con soberbia, alguna vez nos miran; sueño que esto en algún momento se termina. Sueño con cielos libres de humo y de explosiones, con campos verdes y niños con cuerpos debajo de sus pieles. Sueño con mi familia libre de sufrimiento, que no tienen que soñar todo lo que yo llevo tantos años soñando. Sueño, como alguna vez soñó John Lennon, a toda la gente viviendo en paz, sin implorar ningún otro sueño.

Un solo ojo me es suficiente para seguir viendo lo que otros no pueden ver con dos; será porque no saben lo que se siente cuando uno se acuesta mirando por una rendija el cielo, esperando con los ojos cerrados que el próximo estruendo no te arrebate lo que más amas y lo que está a tu lado. Cada noche miro a mi mujer y me parece un sueño, me siento bendecido al ver su rostro con este ojo tan fino, su paz y la certeza de que al lado suyo no habrá más humo ni puertas que se cierran.

Yo no sé si los sueños sirven de algo, pero sí sé que no quiero más portazos. Quiero puertas que se abran, quiero luces en las casas, quiero cielos bien celestes, quiero soles que iluminen las miradas.

¿Será mucho lo que pido cada noche que me acuesto? ¿O es que sueño con que nadie tenga que sentir lo que yo he sentido allí, tan lejos siendo un niño?

Por todos mis rincones llevo sus nombres grabados y a cuestas llevo su esperanza, sus temores, los deseos no cumplidos, lágrimas, llantos y sonrisas. Y cuando me vaya a buscarles, habré dejado tatuado el legado en la piel de quien conmigo viva y quiera seguir soñando, manteniendo con vida al pueblo que se ha marchado.

– Poli Impelli y Marguimargui –

TEXTO SOLIDARIO. Proyecto de Scripto.es para Médicos sin Fronteras.

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

58 pensamientos en “Todavía sueño

  1. Hermoso y duro relato! me dejaste sin palabras, como siempre que te leo

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  2. Magnífico y muy real !!
    Felicidades a las dos, un abrazo

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  3. Sobrecogedor relato, tienes una emoción tan bella para contar historias que me emociono cada vez que te leo.
    Qué tremendo es saber que ese niño es real, junto a tantas miles de otras almas que sufren con la guerra. ¿cuándo se acabará ese dolor? Un abrazo para ti y para Margui.

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    • Muchas gracias, Carolina.
      Lo escribí hace años, en la India, y lo que veía a mis costados me emocionaba por demás. Si no lo escribía, iba a quedar envuelto en mi corazón. Y Margui que le dio color y el puntapié final tres años después.
      Ese niño fue y es real. Esos jóvenes también; otros, enmudecen para siempre al dormirse. Cielos celestes, estamos acostumbrados a los cielos celestes, que otros jamás pueden ver ni disfrutar.
      Nuestros abrazos de vuelta y gracias por leernos. 🙂

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  4. Duro y bien escrito.
    ¡Enhorabuena a ambas!
    Un improbable álef 3

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  5. ¡¡Ya lo habéis escrito!! ¡¡Como os odio (pero de buen rollo)!! Eso sí, está genial… Qué alto está el listón

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  6. El vello erizado y una lágrima que se atropella con otra por salir. Una tristeza enorme que me habéis dejado por aquí dentro. No podíais haber escrito nada más real y terrible.
    Os beso a ambas.

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    • Gracias, María. Va nuestro beso de vuelta por dejar tus emociones con nosotras.
      Es triste, pero es real. Y son millones viviendo lo mismo, en este planeta donde aquí mi cielo es celeste, y para otros sigue siendo rojo… vaya a saber hasta cuándo.
      ¡Gracias! Abrazos infinitos.

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  7. Cuando el barro toca tus dedos, solo te queda el deseo de acariciarlo por dentro y dejar en el un poco de ti.
    Besos perra

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  8. Cuál es la parte que ha escrito mi chica guapa? lo pregunto porque lo entendí todo y a ella generalmente no le entiendo una mierda de lo que escribe 😉

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  9. Sobrecogedor, pero real y tierno al mismo tiempo. Muy bien planteado en primera persona, narrador, testigo y triste protagonista. Felicidades.

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