El diario de Emma

Papá parecía estar en blanco, pálido, cuando se acercó a nosotros. «Apaguen las luces y suban al otro piso de inmediato. La policía estará aquí pronto».

Mamá lo miró con esos ojos comprensivos que conocí el día de mi nacimiento, sabiendo lo que sucedería como si mi padre le hubiera contado un gran secreto antes de hablarnos. Él asintió con el mentón levemente, lo vi. Miré a mamá esperando su orden, y ella me tomó de la mano sin mirarme. «Vamos, cariño. Todo estará bien». Con la otra mano levantó una pequeña bolsa que Mr. Toyle había llenado con latas de conservas, y de un tirón empujó mi cuerpo, pequeño y últimamente más débil, y me llevó hasta las escaleras que conducían al altillo. Allí habíamos jugado con Thomas entre libros y cajas viejas. Había un viejo colchón con algunas telarañas, pero jamás nos intimidaron. Había sido nuestro mejor escondite en tiempos mejores.

Subimos con decisión y miré a papá por sobre mi hombro. Me sonrió y se acomodó su sombrero marrón guiñándome un ojo. Con su mano derecha, se llevó el índice a sus labios, haciendo ese mismo gesto que las enfermeras usan en los pasillos de los hospitales frente a niños y niñas como yo. Allí supe que estábamos en peligro. Silencio. Y a mí me gustaba cantar y hablar como hacíamos con Thomas cuando subíamos al altillo. Pero le hice caso a mi padre y asentí. Quise sonreír, pero mis músculos no respondieron a mi orden.

«Vamos, Emma», dijo mamá para que apurara mis pasos, y noté que su voz no era la misma de siempre. «Papá subirá detrás de nosotras».

Cuando abrimos la pequeña puerta del rincón, al lado de un gran armario vacío, esta chilló y mamá la empujó para acallar los fantasmas. Debajo sentí unos pasos cortos pero decididos; mi padre nos seguía. Mamá tuvo que agachar un poco su cuerpo para entrar y yo le seguí, agradecida por poder volver a mi rincón favorito. Allí me sentiría contenida, mucho más con papá y mamá a mi lado.

Cuando mi padre llegó al agujero principal, miró hacia abajo sobre los escalones de madera y suspiró. «Vamos, Oliver, entra y cierra ya la puerta», suplicó mamá. Detrás de esas débiles paredes, detrás de la presencia de mi padre y de mi ingenuidad, pude escuchar una celebración de disparos, gritos y estampidos. Sin embargo, no quise preguntar.

Cuando papá atravesó la vieja puerta y cerró los dos pestillos con fuerza, supe que allí estaríamos a salvo. ¿A salvo de qué? Levanté la mirada y mamá, que conocía mis preguntas antes de que las hubiera pronunciado, repitió el mismo gesto que había visto en mi padre unos minutos antes. Silencio. ¡Cuánto me costaba callar! ¿Por qué? ¿Qué habíamos hecho? Me senté como una niña buena en la esquina del colchón. Mamá comenzó a observar lo poco que había en el altillo y miró a su marido; una sombra de espanto recorrió su médula y destelló en sus ojos, pero papá no tenía muy preparada su respuesta. «Bajaré en cuanto pueda; les traeré abrigo y pediré a Toyle que busque en lo de nuestra vecina más comida para Emma». No aguanté más ese juego del silencio, que por lo visto recién empezaba. «No tengo hambre, papá. Estoy bien».

Ellos se miraron y sonrieron. Los ojos de mamá brillaron y creí que se echaría a llorar; pero en vez de eso sonrió y le pestañeó a mi padre con complicidad. Mi padre dejó caer el sombrero al suelo y una pequeña nube de polvo se levantó alrededor de su figura. Cuando miré hacia la única pequeña ventana a mi izquierda, pude ver el mismo polvo en el aire, como si Dios, o vaya a saber quién, hubiera dejado caer su gran sombrero en las calles.

Los tres, en silencio, escuchamos la última gran explosión de la noche, y los gritos ahogados que llegaron con dolor atravesando las paredes. Mi madre se apresuró a abrazarme, y supe entonces que en sus brazos no moriría. Tal vez, afuera había niños llorando sin los brazos de sus madres. Y me sentí pequeña pero inmensa. De a poquito, ahí adentro, comenzó a gustarme el silencio. Afuera, ya estábamos en guerra.

Emma

AI

 

-Poli Impelli-

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11 comentarios en “El diario de Emma

  1. Pingback: El diario de Emma – Poli Impelli

  2. Que perspectiva tendrá un niño de una guerra. Que difícil cuando además les suele llegar la información a medias. Él hambre, rl frío y rl miedo. Sobre todo el miedo a que sus padres algún día no vuelvan… estamos en nuestra generación tan ajenos a esto, que se nos olvida que hay muchos en esta situación
    Besos Pocket. Estuviste genial perra 💋❤️💋❤️

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    • Con solo leerlos o verlos pidiendo ayuda en las ONG, solo puedo ver lo que esimpensado para ellos. No vinimos “a eso”; no hay excusa ni justificación posible. Pero los que estamos “del otro lado” todavía discutimos por pedazos de tierra, propiedades, soberanías y la mar en coche. A mí solo se me ocurre pensar en ellos. Te regalo un pedazo de mi país o la tierra entera si te cabe, con tal de que no haya más guerras. Lo que sea necesario, con tal de que no haya más Anas ni Emmas.
      Gracias, pero para estos temas “críticos”, nadie como tú. Soy demasiado sensible; te dejo a ti esa maravillosa facilidad para darnos vuelta el tuje y el alma cuando de abusos se trata.
      Milesdetequieros.

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