Abrazo Infinito

La innegable realidad de ser… argentino

24 comentarios

Gustavo Cordera ha descrito muy bien –y cantando con furia- las virtudes y pestes que nos definen. Más allá de que me gusta su ironía y sus verdades, hoy recordé que todo esto que él menciona (https://www.youtube.com/watch?v=N_21CPADEuo) a veces deja huella cuando uno sale de su propia geografía y se encuentra con otras culturas.

Algunas de esas veces será positivo, y otras no tanto. Yo disfruto en resaltar lo positivo cuando de dejar impronta se trata,  entonces se me dio por enumerar algunas cositas que no nos dejan pasar desapercibidos en el mundo, y de paso, aportar a modo de ejemplo alguna experiencia personal a los puntos que he elegido.

Yo no soy quién para decir que tenemos “las minas más lindas del mundo”, ni que el dulce de leche sea esencial en la ingesta diaria de alimentos. No, se lo dejo a los demás. Desde mis experiencias —solo las mías— puedo confirmar que la plaga argentina es expansiva. El resto la disfruta o la padece.

Por el bien de todos, con cuatro es suficiente:

1.  La experiencia del “CHE”

Aunque la expresión se use hasta en Valencia (en su propio idioma y más o menos con el mismo significado), no es sólo nuestra. Sin embargo, creo que no hay forma de confundir la nacionalidad de alguien que en sus labios tiene un CHE cada minuto y medio. ¿Cuál es su significado? En este caso no voy a exponer la etimología porque para eso existe Wikipedia. Pero,  ¿que no lo sabes? ¡Hombre! ¡Te estamos llamando!

“¿Che, qué hora es?”. Aún sabiendo tu nombre, el che reemplaza la sabiduría de tus padres, que para identificarte te asignaron un nombre en tu DNI. El problema surge cuando por su arraigo en la sangre, sin querer nos dirigimos con un che al Gerente General de la empresa que te acaba de contratar. Definitivamente es una mala opción, aunque sin dudas, ese señor entrajado sonreirá de costado o en su interior, ya que él tampoco puede dirigirse a sus empleados con un che (si es argentino). Por lo tanto, cuidemos los contextos. Ya sabes, no cometas el error que tantas veces cometí yo, preguntándole, por ejemplo, a un jefe de origen canadiense: “Che, what time is it?”.  Negativo (sale desde las entraña; no lo piensas).

Cuando escuches un che a la distancia, donde sea que te encuentres, puedes dar por segura la nacionalidad de quien parla.

2.  A mí me das un BESO, te guste o no te guste

Si te gusta la efusividad extrema, para bien o para mal, en Argentina puedes encontrar tanto oferta como demanda.

Los besos son como los abrazos, un emblema nacional, y a los hombres no les da vergüenza ni pudor saludarse entre ellos con un cálido beso en la mejilla (y si viene con abrazo o palmada en la espalda, mucho mejor).

Con uno solo es suficiente; no necesitamos dos como en España ni tres como en algunos lugares de Francia. Claro que este solo beso puede repetirse varias veces y cada vez que te encuentras con alguien o te despides, incluso en tu ambiente laboral.  Vale la aclaración, porque cuando viajas y saludas en otros países, la primera reacción de un argentino es poner su cara a disposición para un beso, sea quien sea la otra persona de contacto.

Como experiencia personal, me costó aceptar “el pedido” por parte de mis compañeros de trabajo en varios lugares diferentes: “Oye Poli, que no hace falta que nos beses cada día, que te queremos igual”. Al día de hoy me sigo riendo, porque a sabiendas nunca les hice caso, y tenían que soportarme besuqueando a todo el personal de confianza, al llegar y al salir de las escenas. ¿Cuál fue el resultado al tiempo? Que si otro llegaba antes que yo, o se retiraba antes también, venía por su cuenta a darme un beso de bienvenida o de despedida, incluso exagerando con sonrisas o abrazos, en señal de afecto y aceptación. Y yo, me adapté rápidamente a los dos besos, a los tres, a las manos en señal de oración y un “Namasté”, a la efusividad y gritos de los italianos y a tantos saludos más, aunque fuera por unos poquitos días.

También recibí las miradas suspicaces de esposas y/o novias que no veían nada bien mi saludo natural en la mejilla a sus maridos y/o novios. “¿Qué haces besuqueando a mi marido?”. Mi única respuesta: “Eh, que soy argentina. En mi país para tirarse a un hombre hay que currárselo (laburarlo) un poco más, no te preocupes”. Y caso cerrado.

Si te tropiezas con alguien que al llegar te da un beso aunque no te conozca y al retirarse del grupo te vuelve a saludar con un beso, no dudes su nacionalidad, y no te sientas intimidado. Es nuestra señal de afecto, y nos parece MUY descortés no saludar, o solo levantar la mano para despedirnos. Gusto a poco… sabor amargo.

3.  La importancia y relevancia del “COSO”

La cruda realidad es que existen muchos significados para la palabra COSO (solo buscando en un diccionario encontrarás muchas definiciones e incluso lugares en diferentes partes de España, sobre todo). Pero si entiendes español y has escuchado un che, es probable que en el medio de cualquier conversación informal escuches un coso.

Coso tiene algunas variantes: cosita, cosito, cosa, y hasta con sus adjetivos muy bien utilizados (acá no es cosa de mencionar al coso sin propiedad): “cosa inmensa”, “el cosito chiquito”, “el coso ese que vos sabes…”, etc.

Esta palabra vendría a reemplazar cualquier COSA que no sabemos definir, sea porque no la recordamos en el momento del habla, porque no sabemos su nombre o porque no tenemos ganas de pensar en la palabra exacta que define lo que queremos decir.

Nada más divertido para un extranjero que escuchar a dos argentinos charlando y nombrando varios cosos en sus diálogos. Lo más trascendente es que entre nosotros nos entendemos.

Pero sin dudas, los “Doctores” en la materia, con postgrados y maestrías, se la llevan los ferreteros:

—Buenos días, ando buscando… Hmmm….el cosito este que va en la orilla de la ventana” —dice el argentino haciendo señas como un sordomudo intentando mostrar “el cosito” que necesita con sus manos.

—Ah, claro. Ya se lo busco… —contesta el ferretero instruido en la materia.

Y el ferretero trae exactamente el cosito que el cliente necesita. Son ellos quienes más soportan el coso nuestro de cada día.

En caso de dudas, consulte a su ferretero más cercano.

4.  El boludo / pelotudo nuestro de cada día, dánosle hoy

Recuerdo a mis compañeros de trabajo en Barcelona, que en son de humor y por intentar imitarme gritaban a los cuatro vientos: “Cheee, boludoooo”. A varios tuve que explicarles que no era cuerdo andar gritándolo a viva voz, porque inicialmente es más un insulto que un saludo. Pero también es nuestra forma amorosa de confianza y amistad para dirigirnos a gente que ya conocemos.

Un buen pelotudo o boludo reemplazan —como el che— tu nombre en el DNI, o la palabra amigo/a, hermano/a, como así también una puteada que podría ser más severa.

«Eh, ¡boludooo! ¡Tanto tiempo!». Señal de alegría, de regocijo. Este boludo reboza cariño.

«¿Sabes qué, boluda? Tengo un problema… ». Boluda sería “amiga”, “hermana”, “querida”, dependiendo de los roles.

«Che boludo, ¿Qué hora es? ¿Llegamos tarde?». En este caso no habría necesidad de agregar el che, si se quiere, pero bandera manda.

«Te lo dije, ahora bancate las consecuencias. Sos un pelotudo». No es insulto agresivo, en este caso, pero sí una puteada merecida por el destinatario.

Aunque no sean palabras del Himno Nacional (¡lo que faltaba!), si no son parte del vocabulario diario, la persona en cuestión no es argentina.

Siempre hablo de la sensación placentera que sentimos al dejar huellas cuando existe la oportunidad de convivir con otras culturas. El tema es que no se nos vaya la mano. Todo bien con que se te escape el acento que traes de cuna, pero cuidado con el contagio: que no sea masivo.

Después de veinte días en un crucero anclado en Bahamas y trabajando trece horas diarias casi sin descanso con más de mil personas a bordo (trabajo forzoso, remodelación y construcción. Nada de daikiris al borde de una piscina transparente bailando el ula ula con Mickey Mouse), me cuesta transmitir hasta por escrito la sensación de sorpresa, encanto y vergüenza que sentí cuando al día número diecisiete de nuestra estadía, los japoneses, filipinos, franceses, alemanes, norteamericanas, italianos, coreanos, portugueses, peruanos, mexicanos, ingleses, y demás nacionalidades gritaban “Che, boludo” corriendo por los pasillos del “botecito”. (Aclaro que no fue solo mi presencia la causante de semejante desastre. Éramos tres argentinos en todo el crucero, y ocho uruguayos con quienes nos complotábamos para hacer más amena la estadía de “superjodidos”. Lo de “supervivientes” nos quedó chico).

¿Tal es la influencia de lo que escuchamos? Claro que sí. Verás que escribo a medias, con palabras o acento español (de España) en el medio, y no me sale de otra forma, aunque te de un beso y te largue un che después de un ¡Joder!

Esta es la impronta que dejamos y que nos regalan, que desparramamos sin ánimo de ofender ni de “basurear” un idioma.  Pasé varios años diciendo pija y coger con total libertad, pero tuve que tener cuidado cada vez que quería “correrme” de un lugar, para darle paso a alguien, por ejemplo.

Pero no nos subestimemos. Todos nos entendemos o aprendemos y para esto mi opinión es que no hay nada más sublime que el sentido del humor. Pienso que los argentinos somos muy boludos, no lo niego. Somos egocéntricos, pedantes en su mayoría, patéticos en algunas costumbres y muy críticos de todo, hasta de lo que más placer nos provoca (Allí está Messi… Ya lo decía Cordera: “podemos ser lo mejor como también lo peor, con la misma facilidad”). Sin embargo, hay algo que no perdemos nunca, ni en las peores crisis, desgracias, corralitos y tormentos —y vaya si estamos acostumbrados— y es el sentido del humor. Es inmediato, instantáneo como el café, y puede que ofenda. No te culpo. Solo nosotros podemos entender lo que es un coso en cualquier momento. ¿Por qué tendrías que entendernos? Muchas, pero muchas veces se malinterpreta nuestro sentido del humor, mayormente ácido y al grano. Insisto, no te culpo, pero…

Ah, perdón. Me quedé pensando… y recordando… ¿Te imaginaste al japonés con su acento único diciendo “cheee, boludooo”?

Dios, si es que existes guárdanos en tu gloria, aunque sea a un costadito… Y danos hoy el boludo nuestro de cada día.


Mis palabras son sólo experiencias y opiniones. NUNCA verdades absolutas. Tus opiniones o tu experiencia siempre serán bien recibidas. Comenta lo que quieras y cuando quieras… Todo es bienvenido.

Che, gracias por leerme. 

-Poli Impelli-

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Autor: Poli Impelli

Palabras, voces, abrazos infinitos y yo...

24 pensamientos en “La innegable realidad de ser… argentino

  1. Genial Poli… me encanta leerte… abrazo patagónico infinito!!!

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  2. Hola Poli!!! Gracias a Pablo Carba y a Facebook, encontré tu blog. Pido permiso para chusmear un poco…

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  3. Muy buena entrada, Poli. Yo la 2 la llevo también en la sangre, quizá los hispanoargentinos la tengan, porque no es algo que abunde, jejeje. Besitos boludita!

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  4. Pingback: La innegable realidad de ser… argentino – Parte II |

  5. Gracias Poli, nos describes muy bien, te lo digo yo que naci en el Paraguay, de hecho dejamos huellas de todo tipo, Tu seguro que sos de las de dejar buenas huellas. Un beso..o dos

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    • Hola, Miguel! Gracias por pasar (amorosa Ana que te dejó mi “regalito” jaja).
      Esas huellas pueden ser peligrosas, ya ves… 😉
      Muchas gracias por tu comentario y por leer (me encantó tu poema!!!)
      Beso (o dos) y abrazo infinito.

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  6. Che lo bordaste!! Me ha encantado Poli! Y tengo la gran suerte de contar con algunos argentinos bien cerca a los que aprecio infinito. Besos boluda!!!
    PD Cuando hablaste del coso pensaba que describías a mi hija que a todo le llama “coso” o “cosa” quizás hay alguna cepa argentina en su sangre!

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  7. Pingback: ¡Feliz 2016! | Abrazo Infinito

  8. Muchas gracias por seguirnos Poli !
    Nosotros ahora también lo hacemos, de hecho estamos leyendo tu blog y nos encanta!
    Estamos en contacto!
    Saludos,
    Tourism Experience

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  9. 5- SER DIGNA.
    ME ENCANTA LEERTE, SERA POR LAS HORAS QUE HABLÁBAMOS Y QUE EN CIERTA MANERA ME HACEN SENTIR COMPLICE DE TU AVENTURA LITERARIA….CON TU PERMISO, OBVIO
    UN BESAZO POLI.

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    • No paro de reírme… “SER DIGNA”. Largué una de mis grandes carcajadas, y “ahí” te reconocí 🙂
      Con todo mi permiso, ¡a leer se ha dicho!
      Si hay algo maravilloso que me llevo a la tumba, es la cantidad y calidad de gente que conozco en tan poco tiempo cuando viajo y estoy fuera “de casa”. Grandioso este medio que nos permite seguir compartiendo, donde sea que nos encontremos.
      Besazo para ti Ale! y ¡GRACIAS!

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  10. Hola Poli… Me rediverti leyendote… Soy Chilena y mis mejores amigos y a quienes adoro son argentinos y aprendi a comunicarme con uds en “su” idioma… Entiendo perfecto el coso y no soy ferretera, a veces lo uso también. El pelotudo es parte de mi vocabulario y me encanta lo de los besos… Aunque debo reconocer que eso es lo que mas me costo… Son unicos y me encanta como son… No cambien nunca!!!

    Un abrazo!

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    • ¡Hola Paola! Gracias por pasar por acá, y me alegra que te hayas divertido. Menos mal que usas el “coso”, porque entonces será más fácil comunicarte con tus amigos argentos, jaja.
      Yo también tengo grandes amigos chilenos y nos comunicamos igual, me dicen “boluda” por demás, muriendo de risa. Y son de esos amigos de los cuales no me desprendería jamás, porque llegan al alma. Y si… lo de los besos cuesta, por eso lo puse como un punto aparte, porque lo sé de mis amigos extranjeros, que lo “padecen” ;-).
      Muchísimas gracias, por tu comentario positivo y por tu tiempo.
      Va mi corazón para Chile. Un gran abrazo también!

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  11. Poli, me lo he pasado en grande leyendo tu post. Tengo amigos y amigas Argentinos y la verdad es que hasta que no se comprenden las costumbres pueden resultar un poco chocantes al principio. Destaco el tema de los besos porque yo soy muy afectiva aunque me controlo para no caer en malinterpretaciones ajenas. El hecho que para vosotr@s sea normal besarse a todas horas a mí me gusta pero no pasa lo mismo con los que te rodean. Bueno hay algo que me pasa cuando conozco a un nuevo o nueva amig@ Argentino y es lo siguiente ( ahora viene cuando se van a enterar ): algo en mi vida cambia a positivo, es como si me dieran suerte. Han sido cambios profundos de crecimiento personal y no sé por qué me pasa pero es así. Ahora que nos conocemos… ¿Qué cosa buena me deparará el futuro próximo ? Te lo cuento en próximos capítulos. Un beso 🙂

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    • ¡Hola Rosaaaa! Gracias por pasarte por aquí nuevamente. Tal cual dices, “chocamos” en todos lados al principio, somos muy avasallantes (comparados con otras nacionalidades). El tema de los besos… aquí podrías no tener que controlarte, jajaja. Nadie te miraría mal ni malinterpretaría tu afecto, eso lo puedes dar por seguro.
      Me alegro que tu experiencia haya sido buena con algunos “argentos”. Desde aquí te deseo todo lo que tu corazón anhele. Espero tus novedades ;-).
      Y MUCHAS GRACIAS por comentar, siempre sirve. Un beso che!

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